<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862</id><updated>2012-02-16T11:21:02.402-08:00</updated><title type='text'>Nosotros tenemos una historia</title><subtitle type='html'>Bienvenidos a la bitácora oficial de un mochileo más de entre los que abundan en nuestro país.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>12</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862.post-6768433241920278819</id><published>2007-07-08T21:27:00.000-07:00</published><updated>2007-07-08T21:29:36.804-07:00</updated><title type='text'>Mapa oficial</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RpG5cIlrh1I/AAAAAAAAAHg/Vsrqc_SFI0Q/s1600-h/5.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5085049347271001938" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RpG5cIlrh1I/AAAAAAAAAHg/Vsrqc_SFI0Q/s400/5.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/363003680725489862-6768433241920278819?l=tenemoshistoria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/6768433241920278819/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=363003680725489862&amp;postID=6768433241920278819' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/6768433241920278819'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/6768433241920278819'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/2007/07/mapa-oficial.html' title='Mapa oficial'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RpG5cIlrh1I/AAAAAAAAAHg/Vsrqc_SFI0Q/s72-c/5.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862.post-8048296025976892792</id><published>2007-07-08T20:37:00.000-07:00</published><updated>2007-07-08T20:54:08.291-07:00</updated><title type='text'>10: Jueves 8 de Febrero, Km. 675</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;A unos pocos kilómetros de distancia, el volcán Osorno, guardián del lago Llanquihue y su balneario Las Cascadas, recibía radiante el sol del nuevo día y observaba desde las alturas, los valles y lagos que se extendían a sus pies. En uno de ellos, el del lago Puyehue, ubicado a unos pocos kilómetros de distancia, la parcela de un veterinario se erguía orgullosa reflejando la luz matinal y en ella, dos perros ladraban y correteaban jugueteando en el patio. Sus ladridos nos despertaron a eso de las diez de la mañana, señalándonos que la última jornada de nuestro viaje había llegado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mirando a mis pies las asquerosas ropas de caminata, llenas de polvo y sudor seco, parecía inverosímil haber vivido tantas experiencias distintas en tan poco tiempo. Era extraño haber encontrado tanto cariño y confianza en un auto rojo en mitad del camino a Chirre, pero ahí nos encontrábamos y la ducha nos llamaba urgentemente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RpGvk4lrhxI/AAAAAAAAAHA/EAnbhBuQgyw/s1600-h/1.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5085038502478579474" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RpGvk4lrhxI/AAAAAAAAAHA/EAnbhBuQgyw/s400/1.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;La mañana transcurrió con calma mientras desayunábamos con la cariñosa pareja, nos acicalábamos para los últimos “dedos” del camino y ordenábamos todas nuestras pertenencias con especial cuidado. Los ancianos querían despedirse de nosotros de la mejor manera posible, por lo que les dijimos adiós al Percy y a la Chica, subimos todos al famoso auto rojo, miramos por última vez la casa, nuestra casa, y partimos hacia el cruce con el camino hacia el lago Rupanco. Una vez allí nos despedimos de besos y abrazos, dimos las gracias de corazón y el auto se alejó para desaparecer en lontananza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La perspectiva de ser el último día y nuestras mochilas cargadas con alcohol, nos incitaban a llegar lo más rápidamente posible a Las Cascadas, pero por ese camino de tierra no pasaba ningún tipo de auto. Nos sentamos a esperar y no mucho tiempo después pasó una camioneta que se dirigía a la Cofradía Marina de Rupanco. Nos subimos y viajamos cómodamente durante escasos minutos, pues al poco tiempo estábamos caminando otra vez. Varios automóviles pasaron, pero ese paraje de casas en mal estado y gallinas cacareando no los incitaba realmente a detenerse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De pronto, una camioneta cargada hasta arriba con materiales de construcción nos llevó y debimos aferrarnos a lo que pudimos durante todo el trayecto. En poco tiempo estaríamos en un lugar llamado El Desagüe del Rupanco y podríamos disfrutar de las maravillosas aguas del lago. Según el mapa, nos íbamos acercando rápidamente al lugar que colmaba nuestra imaginación, en unos cuantos segundos más se haría visible… y entonces lo vimos, sentimos la brisa lacustre y pasamos de largo… El famoso Desagüe no era más que un desagüe. Un río lleno de tubos hacia donde llegaba el agua de la zona que, francamente, no valía la pena visitar. Nuestros corazones estaban apuntando ahora al Llanquihue, al igual que las ruedas de la camioneta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lamentablemente, al llegar al cruce de la Hacienda Rupanco, probablemente uno de los fundos más grandes de Chile adquirida por unos árabes hacía mucho tiempo atrás, (no es broma, era tan grande que salía en el mapa como entidad rural) el vehículo se detuvo, sus conductores nos hicieron bajar y dobló hacia la izquierda para abandonarnos en ese paraje donde los autos que pasaban (poco y nada) doblaban, pero nunca seguían en la dirección que nosotros necesitábamos. Decidimos que no importaba, que sin duda algo pasaría tal vez al cabo de dos horas, pero que no nos quedaríamos varados allí, con el Osorno mirándonos a poca distancia. Alguien nos subiría a su vehículo y llegaríamos triunfantes a nuestro destino.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RpGv64lrhyI/AAAAAAAAAHI/afqSFz_FFt8/s1600-h/2.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5085038880435701538" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RpGv64lrhyI/AAAAAAAAAHI/afqSFz_FFt8/s320/2.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Pero las piedras para achuntarle al letrero se iban acabando, el calor nos atontaba, los medios de transporte brillaban por su ausencia y el sol se iba moviendo inclemente. Nuestra paciencia se agotaba, el agua también, hasta que de pronto, unas siete siluetas se recortaron a lo lejos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando empezamos a distinguir de quiénes de trataban, nos dimos cuenta de que los siete sujetos se dirigían hacia donde nosotros nos encontrábamos y por lo tanto alcanzarían en poco tiempo el cruce. Araneda, mamón como siempre, aunque por costumbre ya ni se notaba, planteó la posibilidad de que pudiesen ser “otra vez” unos flaites, a lo que yo respondí, para rematar con broche de oro el festival de mamonerías y quedarme con el premio al más pusilánime del viaje, que nos metiéramos a la Hacienda Rupanco por si acaso, para evitar cualquier eventual problema. Cuando, después de haber sido tajantemente rechazada mi propuesta, los siete trabajadores pasaron a nuestro lado saludándonos y entraron a la mismísima Hacienda, mi honor quedó por el suelo y quedé finalmente como el Gay del trayecto, según mis compañeros, que celebraron con carcajadas durante el resto del viaje.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A pesar de este percance, el tiempo no corría más rápido y las horas se alargaban cada vez más. Era impresionante que después de tanto recorrer con la suerte de nuestro lado, nos quedásemos varados a tan poca distancia del final.&lt;br /&gt;De repente, apareció un camión en el horizonte y, casi resignados (ningún camión nos había llevado en todo el viaje) nos pusimos a hacer dedo. Afortunadamente para nosotros, el gigantesco vehículo del MOP (Ministerio de Obras Públicas) se detuvo y su chofer nos dijo que iban a detenerse unos pocos kilómetros más adelante para arreglar una máquina que trabajaba en el camino. No le dimos importancia y nos subimos nomás, para vernos luego sentados y jugando cacho en mitad del camino, mientras una enorme máquina arreglaba un borde de este.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RpGwLIlrhzI/AAAAAAAAAHQ/kMGgvhoAlGg/s1600-h/3.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5085039159608575794" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RpGwLIlrhzI/AAAAAAAAAHQ/kMGgvhoAlGg/s400/3.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El chofer se nos acercó entonces y nos empezó a hablar en refranes, como la gente de esa zona, por lo que no entendimos absolutamente nada de lo que dijo y quedamos como verdaderos citadinos ignorantes.&lt;br /&gt;Después de un rato que nos pareció interminable, el camión se puso en marcha a toda velocidad por parajes que nunca habíamos visto y que no tenían aspecto de camino principal. Al parecer, nos habíamos desviado sin darnos cuenta y nos acercábamos al enorme lago Llanquihue por otro camino. Finalmente llegamos a un cruce donde nos bajamos y nos pusimos a hacer dedo, confiando en que nuestra posición era la que creíamos correcta, es decir, el cruce con el camino a Puerto Octay. Un hombre con pinta de alemán nos subió en su camioneta y en poco tiempo llegamos al paradero que señalaba el borde del lago. El volcán Osorno nos sonreía al final del camino y ya empezábamos a anhelar el carrete nocturno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos unos minutos jugando cricri (se pueden hacer mil cosas con un par de dados y un cacho) hasta que el bus rural se detuvo para llevar especialmente a este trío de viajeros. El bus iba lleno y el trayecto resultó ser más largo de lo que esperábamos, pero finalmente llegamos al balneario de Las Cascadas, donde nuestros amigos y sus respectivas familias nos esperaban con ansias. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Románticamente y para hacer honor a esas expectativas, decidimos con Churro (aunque Daniel se oponía a la idea) hacer nuestro ingreso caminando por el borde de la playa, desde donde seguramente nos verían e irían a saludar como héroes. Así lo hicimos, con nuestras sucias ropas, nuestras mochilas a cuestas y nuestro orgullo más alto que nunca, pero lamentablemente, la playa estaba vacía. Nadie nos vio con mochilas. Nadie vislumbró nuestros harapos. Nadie nos creyó héroes. Simplemente entramos a mi casa y almorzamos, alcanzando así el kilómetro 764. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5085039769493931842" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RpGwuolrh0I/AAAAAAAAAHY/4asmW-hP2Z8/s400/4.bmp" border="0" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/363003680725489862-8048296025976892792?l=tenemoshistoria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/8048296025976892792/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=363003680725489862&amp;postID=8048296025976892792' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/8048296025976892792'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/8048296025976892792'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/2007/07/10-jueves-8-de-febrero-km-675.html' title='10: Jueves 8 de Febrero, Km. 675'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RpGvk4lrhxI/AAAAAAAAAHA/EAnbhBuQgyw/s72-c/1.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862.post-9208788065936226459</id><published>2007-07-02T11:25:00.000-07:00</published><updated>2007-07-02T11:38:57.840-07:00</updated><title type='text'>09: Miércoles 7 de Febrero, Km. 603</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Despertamos como reyes y fuimos a desayunar junto a nuestros cariñosos anfitriones, con quienes charlamos durante gran parte de la mañana. Don Horacio nos pidió que lo ayudáramos en la parte de atrás de la casa, así que lo seguimos al patio en compañía de los dos perros: Percy (Nombre que había adquirido por haber sido comprado en el Persa) y su pareja, la Chica.&lt;br /&gt;Al llegar al patio de atrás pudimos observar una gran caseta de madera, varias rejas y algo así como “caminos” hechos con alambres y sostenidos con palos. Algo se movía dentro de la casucha. Violentas pisadas y &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RolDa4lrhrI/AAAAAAAAAGQ/-oA6WjagS4c/s1600-h/1.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5082667783610402482" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RolDa4lrhrI/AAAAAAAAAGQ/-oA6WjagS4c/s400/1.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;sonidos provenían desde allí y nuestra curiosidad no podía ser mayor cuando el anciano sacó un cuchillo, unas tijeras y otros elementos de dudosa utilidad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así de perplejos nos encontrábamos cuando Don Horacio entró a la casa y salió tras unos momentos arrastrando a una oveja. “La líder del grupo” según nos comentó. El trabajo consistía en ayudarle a cortar las colas a sus cuatro ovejas, para así evitar problemas al momento del apareamiento. Nuestra labor era sostener a los animales por las patas (convenientemente amarradas) y por la boca, mientras él llevaba a cabo la sutil labor de pelar, cortar y desinfectar la cola.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así lo hicimos con las cuatro ovejas, mientras la Chica deambulaba amenazante acercándose de a poco. Cada vez que esto sucedía, dejábamos nuestra labor para espantarla, lo que se repitió una y otra vez. No faltaron los correteos, los estúpidos golpes de los animales contra una puerta cerrada al momento de huir, ni tampoco un accidente donde, como no se le pudo cortar la circulación a una de las ovejas, la sangre empezó a manar como manguera a presión, ensuciando a su dueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras esta interesante experiencia campestre, tomamos algunos elementos básicos de supervivencia y nos dispusimos a iniciar una nueva caminata, esta vez, en dirección a las famosas Termas del Puyehue, pero doña Maria Teresa nos detuvo, pues la pareja también tenía la intención de salir ese día. Por medio de negociaciones diplomáticas tratamos de ponernos de acuerdo para ver quién llegaría primero a la casa dicha noche, hasta que finalmente (y para nuestra sorpresa) nuestra madre adoptiva decidió ¡pasarnos las llaves de la casa! Churro, impresionado y en tono irónico, nos comentó en secreto que si les robáramos, tal vez entenderían que simplemente ¡no era seguro entregar las llaves a las primeras personas que conocían! Una vez más, la bondad de la gente del sur nos dejaba atónitos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Finalmente se llegó a la conclusión de dejar las llaves escondidas en un lugar de la casa y nos vimos, al fin, libres de partir. Recorrimos un trecho hasta el camino a Bariloche y a eso de las tres de la tarde, una familia nos dejó subir a su camioneta para trasladarnos veinticinco kilómetros hacia el cruce de las famosas termas. Continuamos haciendo dedo durante un rato, pero al ver que nuestros esfuerzos no eran recompensados, decidimos caminar. Iniciamos nuestro ascenso, pues el famoso Spa se encontraba arriba de un cerro, junto al Parque Nacional Puyehue. De todas formas, no estaba en nuestros planes ir a visitar este último, pues ya era tarde para una caminata y la perspectiva de una jornada de relajo hidratando nuestros cuerpos con aguas termales, nos llamaba con demasiada fuerza.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tras un pequeño esfuerzo arribamos a la enorme construcción y, pasando por un estacionamiento repleto de autos, nos dirigimos al mostrador, donde la fatídica verdad nos cayó de golpe. &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RolEFYlrhsI/AAAAAAAAAGY/qR8xb4oKCDE/s1600-h/2.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5082668513754842818" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RolEFYlrhsI/AAAAAAAAAGY/qR8xb4oKCDE/s320/2.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;“¿Cuánto cuesta un día en las aguas termales?”, preguntamos. “Dieciséis mil pesos por persona”, fue la respuesta que recibimos y que hizo gritar de dolor a nuestros bolsillos. ¿Eso era todo? ¿Ahí se acababa nuestra aventura por problemas de dinero? ¡No señor! No íbamos a dejar que el capitalismo nos venciera, así que volvimos al camino del cerro y seguimos caminando hacia arriba en dirección a otras termas. Estas nos las había recomendado el día anterior, al momento de comprar el kuchen, un micrero se Santiago que estaba de vacaciones y agradecía la implementación del Transantiago, por motivos de sueldo. Este maravilloso resort popular sureño tenía un nombre muy especial y llamativo: Aguas Calientes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A mitad de camino, cuando nuestras pantorrillas ya empezaban a chirriar, pasó un pequeño bus local, que nos dejó en las termas por sólo cuatrocientos pesos. ¡Qué maravilla de lugar! Con una infraestructura realmente hermosa, llena de casas hechas con pulcras maderas y envueltas en un ambiente natural de belleza sobrecogedora, Aguas Calientes era el lugar perfecto para nosotros, o al menos eso creímos hasta que vimos los precios: siete mil pesos cada uno por usar la piscina techada, fue lo que nos dijeron. ¡No podía ser! Preguntamos entonces por la piscina termal al aire libre (a pesar de que hacía bastante frío y yo me encontraba resfriado) y decidimos echarle un vistazo antes de gastar dos lucas cada uno.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RolEYYlrhtI/AAAAAAAAAGg/D7ol1qLgB3w/s1600-h/3.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5082668840172357330" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RolEYYlrhtI/AAAAAAAAAGg/D7ol1qLgB3w/s320/3.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;¡Qué hermosa fauna se aglomeraba ante nosotros! Todos los ejemplares del chileno promedio pululaban en conjunto en esa suerte de estanque amarillento, en donde los cueros, rollos y pelos relucían sin pudor en un conjunto poco armonioso. ¡Ni cagando nos íbamos a bañar ahí! Teníamos que ser sinceros con nosotros mismos: nos daba asco. Mucho asco.&lt;br /&gt;Por esta razón decidimos ir a almorzar nuestro delicioso pan con jurel y mayonesa a una mesa de camping, ubicada a la umbría de un húmedo bosque, desde donde podíamos oír los gritos de los niños un poco más abajo. ¡Qué frustración! ¡Nada estaba saliendo como lo deseábamos y aún teníamos que regresar temprano a Entre Lagos para comprar el copete para nuestro destino, sin espantar con las botellas a los dueños de casa! Debía ser una maniobra secreta y perfecta. Sin embargo aún era temprano y no nos daríamos por vencido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Recordando esas clásicas notas periodísticas veraniegas de poca monta, donde se puede admirar los cuerpos flotando en estanques naturales de agua caliente junto a los ríos, tomamos la decisión de averiguar si había de esos por allí. A medida que avanzábamos por la orilla del caudaloso y congelado río, podíamos ver, efectivamente, estos pozones naturales completamente colapsados. Pero no nos rendimos. Seguimos subiendo durante unos minutos hasta que encontramos nuestro propio pozón: una cueva llena de arañas con un agua café de extraña procedencia, pero que al fin y al cabo cumplía con nuestras expectativas: estaba tibia. Sin pensarlo dos veces, salvo por el frío que hacía, nos sacamos la ropa y nos relajamos en el seno de la Pachamama.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5082669510187255538" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RolE_YlrhvI/AAAAAAAAAGw/wE9mwsXzLQc/s400/4.bmp" border="0" /&gt;Con unos resfriados incrementados al doscientos por ciento, buscamos algo más que hacer antes de que se nos fuera la luz. El Canopy estaba cerrado y ya no era hora de subir cerros sin linterna. Un poco apestados, sacamos el mapa y nos dimos cuenta de que en realidad estábamos muy cerca de Argentina y que, perfectamente podríamos haber ido a Villa Angosturas por el día. Para otra vez sería.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tras lesear un rato sin sentido alguno, hicimos dedo en las afueras de las frustrantes termas y nos subimos a un auto manejado por una joven cantante que realizaba shows en las noches para los comensales de ambos centros (No. No ESE tipo de shows). Lamentablemente, nuestra compañera iba sólo hasta un poco más abajo, por lo que debimos volver a hacer dedo, hasta que nos llevó una camioneta en cuya parte de atrás encontramos un verdadero desierto del Sahara. La arena bañaba todos los rincones de la zaga de ese vehículo, lo que produjo un fuerte tornado de polvo al iniciarse el movimiento, en el cual nos ahogamos durante todo el trayecto de vuelta.&lt;br /&gt;Finalmente arribamos a la ciudad, recorrimos Entre Lagos entera, disfrutamos de la no tan linda vista del lago Puyehue (sin duda el Ranco se llevaba el galardón de la belleza) y compramos el tan ansiado licor a precios increíblemente bajos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En eso, entramos a una cantina de mala muerte y vimos el escenario más decadente que nos había tocado hasta el momento. Si creíamos que los viejos borrachos abundaban en el sur de nuestro país, entonces aún no habíamos llegado a aquel bar. Decenas de ebrios se agolpaban en la barra con caras fatigadas, ojos perdidos y cuerpos inertes. &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RolFQolrhwI/AAAAAAAAAG4/C0Z08WJ3FbM/s1600-h/5.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5082669806539998978" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RolFQolrhwI/AAAAAAAAAG4/C0Z08WJ3FbM/s320/5.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El olor era tan denso que podía cortarse con tijeras y el ambiente evocaba una de esas tabernas apestosas de las películas. La necesidad de plasmar ese momento me invadió sobremanera y decidí que tenía que conseguir una foto de esos caballeros a como diera lugar. Pensé en sacar una foto y salir corriendo, pero no habría sido seguro. Alguien podría no haber estado tan borracho y haberme perseguido, golpeado y eventualmente, matado. Finalmente opté por usar mi histrionismo y entrar a encarar a estos personajes. Los convencí de que posaran para la bitácora de mi viaje, e inmediatamente dos entusiastas alcohólicos me abrazaron sonrientes. La cantinera se mostró reticente de aparecer en la foto, pero finalmente se convirtió en la fotógrafa oficial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, equipados con una botella gigante de ron, unas chelas y un par de piscolas, volvimos a la casa y preparamos todo para esperar a nuestros padres adoptivos, con quienes más tarde compartiríamos una exquisita y agradable cena. Cuando llegaron, acompañamos a don Horacio en el proceso de esterilización de las colas de sus ovejas y luego nos fuimos a sentar a la mesa. La conversación sobre su viaje a Osorno y la construcción de su nueva casa se extendió durante mucho rato esa noche y los brillantes huevos revueltos, los berlines, el queso de cabeza, la mantequilla local, los panes amasados aún humeantes, la tierna lasagna de doña María Teresa, las mermeladas, la miel, el manjar casero, el kuchen de la zona, los cientos de tazas de té y café, no dejaron de salir de la despensa ni del refrigerador sino hasta muy tarde.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De esa forma, nos levantamos de las sillas, ayudamos a los ancianos a lavar la vajilla y ordenar, y tras despedirnos, nos fuimos rodando a las camas, donde nos quedamos un momento jugando con los cachos y los dados antes de dormir. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/363003680725489862-9208788065936226459?l=tenemoshistoria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/9208788065936226459/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=363003680725489862&amp;postID=9208788065936226459' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/9208788065936226459'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/9208788065936226459'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/2007/07/09-mircoles-7-de-febrero-km-603.html' title='09: Miércoles 7 de Febrero, Km. 603'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RolDa4lrhrI/AAAAAAAAAGQ/-oA6WjagS4c/s72-c/1.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862.post-4209747554057186441</id><published>2007-06-23T21:58:00.001-07:00</published><updated>2007-06-26T17:21:39.574-07:00</updated><title type='text'>08: Martes 6 de Febrero, Km. 501</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En algún punto del sur de Chile entre Coique y Puerto Nuevo, creyéndonos desamparados en mitad de la nada, despertamos con martilleos y voces de criados que iniciaban su trabajo rutinario para aquella adinerada familia. Rápidamente desarmamos el campamento y continuamos nuestra caminata rumbo a Puerto Nuevo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El clima iba empeorando gradualmente y lluvias &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGrqYlrhlI/AAAAAAAAAFg/vZqxnLGbBfQ/s1600-h/1.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080530599293978194" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGrqYlrhlI/AAAAAAAAAFg/vZqxnLGbBfQ/s400/1.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;intermitentes nos mojaban a esa hora de la mañana. El paisaje que se extendía a ambos lados del camino era hermoso. Cientos de hectáreas de cultivo de diversa especie, fundos bien mantenidos, pastizales donde un caballo retozaba alegremente en compañía de un perro y por supuesto, autos que pasaban a toda velocidad sin llevarnos. La caminata se hacía más larga, pero no por eso desagradable. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A eso de las nueve de la mañana, nos detuvimos en un recodo del camino y nos instalamos bajo un árbol para preparar una sopa de fideos, pues el frío se hacía cada vez menos soportable y necesitábamos energías para continuar. Después de ese agradable momento pasó una camioneta que transportaba un balón de gas y nos llevó amablemente hasta Puerto Nuevo, entidad rural que carecía de atractivo alguno y que nos hacía volver a pensar que estábamos casi perdidos. El destino se encargaría de demostrarnos lo contrario pocas horas más tarde. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con un frío infernal hacíamos dedo a los pocos autos que venían de los fundos, sin resultado alguno. Un hombre nos dijo que el “balseo” que estábamos buscando (nos lo había señalado el Mito en el mapa) se ubicaba en Puerto Lapi, a unos pocos kilómetros hacia el oeste. Las nubes pasaban lentamente sobre nosotros haciendo la espera más larga hasta que pasó un bus rural y decidimos que ya era hora de ahorrar caminata. Para nuestra sorpresa, el camino a Puerto Lapi estaba sólo a un par de kilómetros en la dirección indicada y pronto nos encontrábamos nuevamente a merced del destino observando un desolado camino de tierra, bordeado por naturaleza polvorienta y amenazadora. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mandando toda prudencia al demonio, empezamos la caminata que bajaba en dirección a un brazo perdido del río Bueno. De pronto, la maraña de hojas de abrió y quedamos pasmados. Ante nosotros se elevaba una gran construcción de madera y vidrios de policarbonato (seguramente) con sus correspondientes estacionamientos y patios para el público. Una suerte de hotel perdido en la nada, verdadera demostración de la osadía humana a la que no le dimos mucha importancia, se alzaba ante nosotros invitándonos, sin embargo, a seguir nuestro camino.&lt;br /&gt;Los cantos nos viciaban otra vez, pero fueron interrumpidos por el sonido de un motor que fue seguido por la aparición de una camioneta negra en la que viajaba Don Erasmo, panadero de la zona, y su amigo, quienes nos llevaron hasta el hermoso balseo.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080530985841034850" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGsA4lrhmI/AAAAAAAAAFo/4yYd-awEX-8/s400/2.bmp" border="0" /&gt;El trato pactado fue el siguiente: para que Don Erasmo nos llevara hasta más allá del balseo, debíamos acompañarlo hasta su negocio ubicado en Ignao, localidad que se encontraba al oeste de la ciudad de Lago Ranco, y comprarle sus viandas, a lo que accedimos sin mayores problemas lanzándonos cada vez más a la vida. El paseo fue agradable y lleno de vistas hermosas (nuestro conductor se convirtió en un verdadero guía turístico, deteniéndonos en cada mirador que encontrábamos). En un momento, debimos parar en un sospechoso granero y ambos hombres se bajaron internándose en unas plantaciones, diciéndonos que esperásemos allí. Siempre atentos a cualquier indicio de insanidad mental en aquellos sureños que nos pudiera haber hecho salir corriendo, esperamos al lado del vehículo, cautos, hasta su regreso. Minutos después llegábamos a salvo en la camioneta a Ignao acompañados de una serie de trabajadores que habíamos recogido en el camino y entrábamos al negocio de Don Erasmo, con nuestros respectivos estados de salud en dudosa calidad, debido a las lluvias intermitentes, el viento en la camioneta y el frío imperante de la zona. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el local almorzamos a precios increíblemente bajos (mil pesos por dos empanadas y dos bebidas) y nos dispusimos a seguir nuestro camino hacia Río Bueno para tomar el camino hacia Entre Lagos. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando el mismo Don Erasmo se nos acerca cuando iniciábamos la caminata, para decirnos que tenía un encargo en un lugar llamado Vivanco y nos podía dejar allí. Sin premeditar, sin mirar el mapa y sin pensar en las consecuencias, nos subimos una vez más al transporte firmando nuestra sentencia. A partir de ahora, podíamos decir que nos dirigíamos literalmente a la nada… &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ya en Vivanco (compuesto por dos casas, una comisaría, tres perros y un almacén) se puso a llover con bastante fuerza por lo que nos resguardamos bajo techo fuera del negocio. La camioneta se había ido, el agua caía inclemente y no había movimiento alguno en esa zona, salvo el de los perros que correteaban. No había nada que hacer y caminar por esos caminos en esas condiciones era una locura. Sólo restaba esperar pacientemente a que algo pasara con nuestras existencias. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dos horas después pasó una camioneta roja en la que iba el dueño de un fundo de la zona que criaba caballos de polo y se encontraba comprando comida para sus animales. Nos subimos a este vehículo, dichosos, y pasamos por Trapi para llegar a la maravillosa zona de Crucero. No se trataba de una ciudad, sino más bien de un paradero con licorería por supuesto, donde pululaban los viejos decadentes y de donde teníamos la intención de escapar cuanto antes, para llegar rápidamente a la ciudad de Entre Lagos, ubicada en el lago Puyehue. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGsOIlrhnI/AAAAAAAAAFw/MDGCM4A8sFo/s1600-h/3.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080531213474301554" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGsOIlrhnI/AAAAAAAAAFw/MDGCM4A8sFo/s320/3.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Nuevamente nos echamos a esperar a que el clima mejorara o algún automóvil pasara y nos llevara a nuestro siguiente destino, mas luego de dos horas de incansables lanzamientos de piedras a un cartel y un sinnúmero de buses que pasaban en direcciones desconocidas, nos resignamos y decidimos tomarnos uno para acortar algo de camino. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sucedió entonces algo realmente curioso. Al hablar con el chofer del primer bus que pasó y preguntarle hacia dónde se dirigía, me respondió que su destino era un lugar llamado “Champulli”. Revisé mi mapa, localicé nuestra posición y recorrí con la vista los alrededores, pero en ninguna parte aparecía dicha localidad. ¡Nos dirigiríamos a un lugar que no estaba ni siquiera en el mapa! El chofer tomó el plano, lo revisó y me marcó con un lápiz dónde quedaba, más o menos, Champulli: cerca de Chirre. Ciertamente la carta indicaba que Chirre estaba perdido en un camino casi intransitable, pero bastante cerca del Puyehue, razón por la que nos subimos de todas formas al bus. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si creíamos estar apestados por los ancianos borrachos dispersos en el sur de nuestro país, esto no era nada comparado con la escena que se desarrollaría a continuación. Al subir al vehículo, quedamos obligados a ir en la parte de atrás, con la carga, por falta de espacio. Churro logró conseguir un asiento delante de un anciano senil y borracho que iba sobre un saco, mientras que Araneda y yo permanecimos de pie, mirando asqueados cómo su compañero, un gordo con rasgos mapuches y evidentemente fuera de sus cabales, trataba de abrazar a una madre a su lado que iba con un niño y que, ciertamente, no lo conocía. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El viaje se fue haciendo eterno y nada agradable. Todo se movía, la carga temblaba a nuestras espaldas y el viejo se desequilibraba cada tanto, para ir a caer con su cabeza sobre el hombro de Churro, quien lo miraba perplejo. Mirando este fenómeno me encontraba cuando el anciano detectó mi mirada y, consciente o no (esto nunca quedó claro), me lanzó un pollo al pantalón. ¿Qué se hace en esos casos? ¿Golpear hasta la muerte a un anciano indefenso y fuera de sí? No parecía lo correcto, así que me tragué todo mi orgullo, rabia y asco para seguir el viaje como si nada hubiese pasado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando llevábamos la mitad del recorrido, el bus se detuvo en un almacén en pleno bosque y la gente se bajó a comprar bebidas y helados. Realmente no nos sorprendió cuando, después de &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGsbIlrhoI/AAAAAAAAAF4/D-4OXFnVNE0/s1600-h/4.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080531436812600962" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGsbIlrhoI/AAAAAAAAAF4/D-4OXFnVNE0/s320/4.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;diez minutos detenidos y cuando toda la gente estaba ya arriba, los únicos que faltaban eran los dos ebrios, a quienes divisamos discutiendo a duras penas con el ayudante del conductor alrededor de una botella de cerveza. El joven levantaba su brazo con el puño cerrado y amenazaba a ambos decadentes, quienes en forma rápida se “bajaron” inmediatamente lo que quedaba del líquido para regresar a instalarse en sus puestos. El camino siguió sin mayores percances y entonces se nos anunció que habíamos llegado a Champulli y debimos bajarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos casas. Esto era Champulli además de su destartalado camino de tierra sin señalética alguna. Araneda postuló la teoría de que si alguien nos asesinaba allí, nunca nadie se enteraría jamás, pues no había ni señal de celular, ni nadie, ni nada.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGsm4lrhpI/AAAAAAAAAGA/AAc5-7grK-U/s1600-h/5.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080531638676063890" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGsm4lrhpI/AAAAAAAAAGA/AAc5-7grK-U/s320/5.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Nos dirigimos a una casa a abastecernos de agua, pero en vez de eso nos dieron un líquido amarillento que sabía a agua, pero parecía otra cosa. Preguntamos por cuál de los tres caminos se llegaba a Chirre (Champulli era además, una encrucijada) y empezamos a caminar con un invisible sol hundiéndose poco a poco en el horizonte. Probablemente ese fue el momento más triste de todo el viaje. Nadie transitaba, no había rastros de civilización salvo un poco de basura cada tres kilómetros y la luz se nos iba acabando. Entonces pasó una camioneta cuyo conductor nos llevó amablemente hasta Chirre, donde, viendo las condiciones del lugar (iguales a las últimas tres entidades rurales que habíamos visitado) nos vimos en la desesperación de seguir caminando para llegar cuanto antes a un lugar civilizado o, al menos, seguro para acampar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los primeros siete kilómetros de lo que nos restaba los hicimos en un auto que nos llevó al vernos desvaídos de cansancio y frustración, sin embargo el resto lo debimos caminar, sumergidos en un mundo casi onírico, donde por más que avanzábamos, nuestro destino se alejaba más y más.&lt;br /&gt;Así nos encontrábamos cuando un auto rojo pasó en sentido contrario y sus ocupantes, dos ancianos inofensivos, le preguntaron a Daniel, habiéndolo creído un lugareño más, dónde estaba un tal Fernández. Nuestro amigo respondió que no era de la zona y no sabía a qué se referían, a lo que ambos viejitos respondieron pidiendo perdón y apretando el acelerador. Pocos minutos después regresaron y nos ofrecieron llevarnos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así conocimos a Horacio y María Teresa, quienes se transformarían en nuestros “padres adoptivos” cuando, luego que nos contaran que vivían en una parcela en Entre Lagos, nosotros les pidiéramos descaradamente la oportunidad de alojar con ellos.&lt;br /&gt;En poco tiempo habíamos logrado llegar al lago Puyehue. El clima estaba frío y la certeza de tener un sitio donde poner la carpa era alentadora y no podíamos echarla a perder. Fue por eso que, antes de ir a la parcela (que se encontraba a pocos minutos de la ciudad) compramos un kuchen de regalo para nuestros salvadores, con el que entramos triunfalmente en esa noche donde el volcán Osorno apenas se recortaba contra las nubes. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La forma en que nos recibieron fue impactante. Nuestras secretas esperanzas de dormir dentro de la casa se tornaron en tres milagrosas camas mullidas donde dormiríamos y un suculento banquete al momento de la once. Sin duda la casa era muy grande para la pareja, cuyos hijos se encontraban en Santiago. Nosotros tendríamos el deber de rellenar esas piezas sobrantes con dignidad. Y así lo hicimos al momento de ir a dormir. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080532059582858914" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGs_YlrhqI/AAAAAAAAAGI/Un-lmbOhF8g/s400/6.bmp" border="0" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/363003680725489862-4209747554057186441?l=tenemoshistoria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/4209747554057186441/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=363003680725489862&amp;postID=4209747554057186441' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/4209747554057186441'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/4209747554057186441'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/2007/06/08-martes-6-de-febrero.html' title='08: Martes 6 de Febrero, Km. 501'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGrqYlrhlI/AAAAAAAAAFg/vZqxnLGbBfQ/s72-c/1.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862.post-7044610019175053807</id><published>2007-06-17T12:08:00.000-07:00</published><updated>2007-06-26T17:05:51.164-07:00</updated><title type='text'>07: Lunes 5 de Febrero, Km. 358</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt; Una orquesta de despertadores nos sacudió de nuestros respectivos sueños a las ocho de la mañana y nos dispusimos a entrar a la casa de los tíos de Daniel, pero como nuestro estimado anfitrión había dejado todas las puertas cerradas, nos echamos a dormir otra hora. Cuando el Mito despertó y nos dejó pasar, empezamos de inmediato a preparar las cosas para la segunda mitad del viaje que nos esperaba. El recorrido por la X Región de Los Lagos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras desayunar y despedirnos de la cariñosa familia que nos acogió esos tres días, procedimos a tomar el bus número tres que no nos sacó inmediatamente de Valdivia sino que nos llevó al “cementerio parque” de la ciudad donde Araneda pasó a ver a su difunto primo (un hijo del Mito que había fallecido). Tras unos momentos de solemnidad poco vistos en nuestro viaje, emprendimos la caminata hacia la salida de la capital regional para hacer dedo hasta la ciudad de Paillaco, nuestro próximo destino.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGn7olrheI/AAAAAAAAAEo/VSLJtyfvawk/s1600-h/1.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080526497600210402" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGn7olrheI/AAAAAAAAAEo/VSLJtyfvawk/s320/1.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Poco a poco el calor empezaba a cernirse sobre nosotros y los autos (como siempre) pasaban sin detenerse, por lo que Churro y Araneda decidieron despojarse de sus vestiduras para ver si así, con un “toasting” de por medio, lograban atraer la atención de algún psicópata para que nos llevara. Contemplando esta desagradable visión y con el pulgar en alto me encontraba cuando un lugareño pasó y amablemente nos regaló unos sándwiches de jamón con ají, ya que le habían cancelado el trabajo ese día. Más trabajadores pasaron a pie y en bicicleta, hasta que uno de ellos nos indicó que unos kilómetros más adelante había un puesto de bandereros donde conseguir transporte sería pan comido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nos pusimos en marcha de inmediato (ya vestidos) e iniciamos el camino por la tierra seca bordeando la carretera. Al poco andar, un bus se apiadó de nosotros y nos subió sin cobrarnos para trasladarnos rápidamente hasta la mismísima zona de taco donde se aglomeraban diversos tipos de vehículos. Verdaderamente teníamos material de sobra para elegir entre esa fantástica colección y nos decidimos por una camioneta azul en la que iban dos señoras justamente hacia Paillaco, ciudad que nos esperaba a cuarenta y seis kilómetros de distancia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si bien nos subimos inmediatamente a la parte trasera del vehículo, la espera duró varios calurosos minutos más en los que el conductor del auto de atrás, violentando el lado biólogo y ecológico de Daniel, votó al suelo un palito de helado con su respectivo envoltorio. Nuestro joven Capitán Planeta se levantó él mismo y, haciendo uso de toda su personalidad y valentía, recogió el papel y lo subió a nuestro auto. ¡Los desconocidos viajeros habíamos salvado el ecosistema!&lt;br /&gt;Con esta satisfacción interior el cartel se puso en verde y continuamos nuestra travesía hacia el sur. El viento azotaba nuestras caras y el paisaje se iba nublando poco a poco ante nuestros maravillados, pero en parte, preocupados ojos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGoHIlrhfI/AAAAAAAAAEw/eY4LJpciVec/s1600-h/2.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080526695168706034" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGoHIlrhfI/AAAAAAAAAEw/eY4LJpciVec/s320/2.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Al arribar a las afueras de la ciudad de Paillaco (que temiéramos que se pareciera a Los Lagos) nos bajamos y enfilamos rumbo a la Ruta 5, caminando dos kilómetros hacia el este. Una vez allí nos tocaba probablemente la parte más difícil del viaje: para llegar al lago Ranco teníamos que desviarnos once kilómetros al norte camino a la localidad de Reumén por el borde de la carretera, donde obviamente, nadie nos pararía para llevarnos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llegamos entonces a la autopista y vimos, desconsolados, lo que se extendía ante nosotros. Carretera, algunos pocos autos a ciento veinte kilómetros por hora y más carretera. Francamente no había forma posible de que alguien parase a menos que se detuviera completamente en la salida de aquella provincia, lo que era improbable debido a la poca cantidad de vehículos que pasaban. Continuamos nuestra caminata justamente hasta la salida de autos y nos detuvimos allí para esperar. Algunas nubes se iban acumulando, pero aún así el calor nos sofocaba… y poco a poco la desesperanza también. Realmente si alguien transitaba por los caminos aledaños a Paillaco tendría que estar muy aburrido, lo que constatamos al ver la cara de los chóferes de los únicos dos camiones que pasaron.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGoS4lrhgI/AAAAAAAAAE4/kWiHnciaNB8/s1600-h/3.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080526897032168962" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGoS4lrhgI/AAAAAAAAAE4/kWiHnciaNB8/s400/3.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Empezamos a planear vías alternativas como volver a Paillaco y hacer dedo allá o simplemente arriesgarnos a caminar once kilómetros por el borde de la carretera, acción que supuestamente estaba prohibida y que ese mismo verano les había costado la vida a otros mochileros. Escasas ráfagas de viento pasaban de vez en cuando para amortiguar nuestro martirio en tanto uno que otro bus hacía temblar la tierra al pasar. Nos echamos a un costado a esperar que el destino nos trajera un helicóptero o algo así, mas esto nunca sucedió. En vez de eso, vimos una camioneta a lo lejos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Era ahora o nunca. La ocasión se presentaba y no debíamos perderla, pues la camioneta aminoraba muy poco la velocidad mientras tomaba la curva de salida. Nos pusimos a hacer dedo esperando que apareciera tras el montículo de la curva con una sonrisa idiota en nuestros cansados rostros. Apenas nos vio, el conductor hizo ademán de estar ocupado y seguir sin darle importancia al asunto, pero al verse obligado a aminorar aún más la velocidad para tomar la calle rumbo al norte, nos miró otra vez y decidió demostrar compasión. Cuando nos dijo que se dirigía a Futrono (nuestro siguiente destino ubicado justo a orillas del lago Ranco) no pudimos sino saltar de alegría y meter las cosas en la parte trasera, junto a unos remos y equipos para el agua que allí pudimos vislumbrar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Don Carlos resultó ser un instructor de buceo de la pequeña localidad de Coique que se encontraba un poco más al sur que Futrono, por la ribera occidental del lago. Camino a ese lugar nos metió harta conversa mientras pasábamos veloces los árboles a nuestros costados al ritmo del rock de su cd compilado, mientras las nubes se arremolinaban sobre nosotros, amenazantes, y unas cuantas gotas empezaban a golpear el parabrisas del blanco vehículo. El fornido hombre nos contó que esa zona concentraba en sus alrededores vastos fundos y propiedades de los más magnates empresarios de nuestro país: Piñera, Ariztía, Fernández, Edwards y otros multimillonarios bastante conocidos, por lo que no sería fácil encontrar alojamiento.&lt;br /&gt;Cuando llegamos a Coique y Don Carlos se alejó, ya chispeaba decididamente, por lo que decidimos bajar de inmediato a la playa a almorzar y abrigarnos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGofolrhhI/AAAAAAAAAFA/Nlv7-baNCuQ/s1600-h/4.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080527116075501074" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGofolrhhI/AAAAAAAAAFA/Nlv7-baNCuQ/s320/4.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Una vez allí comenzamos con el meticuloso arte de la cocina y nos reabastecimos de agua para preparar nuestros alimentos bajo un frondoso árbol que la madre naturaleza puso a nuestra disposición frente a aquella hermosa playa pública donde nos dimos cuenta de la fatídica verdad: ¡Habíamos dejado todos los cubiertos y útiles de aseo de mis amigos en Valdivia! No teníamos forma alguna de llevar a nuestras bocas esos insinuantes tallarines con salsa Tuco que con tanta hambre mirábamos. Pero entonces Daniel (dejando por primera vez de lado la mamonería y transformándose en todo un recio pionero de la naturaleza) ideó unos fantásticos y rústicos “palillos chinos” con los que finalmente almorzamos como nunca, nos bañamos bajo la lluvia intermitente y luego disfrutamos de un delicioso café.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080527416723211810" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGoxIlrhiI/AAAAAAAAAFI/GFLeZG_dAM8/s400/5.bmp" border="0" /&gt;Inmediatamente después del descanso y el lavado de loza bajo la lluvia, procedí a averiguar con la gente acerca de lugares para alojar esa noche, mientras los otros se quedaban en la playa guardando las cosas. Mis recorridos me llevaron donde los guardias de la península, quienes me contaron que toda la zona la había comprado Sebastián Piñera y la mansión que se vislumbraba desde la costa era también de su propiedad, así como todo el suelo bajo la vigilancia de estos hombres. Por lo tanto la única forma de alojar esa noche era pagando un exclusivo camping a veinte mil pesos la noche o simplemente haciendo un trato con mis nuevos amigos y que ellos hicieran la vista gorda a cierto punto de la playa especialmente bueno para colocar carpas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGpIolrhjI/AAAAAAAAAFQ/5L9lZm2ED_8/s1600-h/6.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080527820450137650" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGpIolrhjI/AAAAAAAAAFQ/5L9lZm2ED_8/s400/6.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Con estas nuevas regresé bajo el árbol (ya con la lluvia arreciando con fuerza) y encontré a los cabros en dos situaciones contradictorias: se reían por un tallado que acababan de hacer en un árbol en relación a una aventura nocturna que me sucedió en el pasado y a la vez estaban con un evidente miedo por unos supuestos “flaites” que los habían mirado con ojos feos y codiciosos y que habían dejado su pelota allí para regresar a por un inminente asalto. Ante estos antecedentes, Daniel regresó a su estado natural (mamón) y decidió que no era seguro quedarse en Coique esa noche, por lo que nos convenía continuar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Previos rezongones de mi parte, la moción fue apoyada y emprendimos nuevamente nuestro camino bordeando el lago en dirección a la entidad rural de Puerto Nuevo, que distaba más de veinte kilómetros al meridiano de donde estábamos. Mientras caminábamos, Araneda miraba para atrás cada cierto tanto y de pronto creyó ver a nuestros perseguidores a unos trescientos metros tras nuestra pista. Inmediatamente nos pusimos bajo el amparo del guardia de un loteo (por si las moscas) y esperamos hasta que pasó un pequeño auto negro que nos llevó hacia el sur, para dejarnos junto a una iglesia en mitad del camino, a salvo. Una vez que nos bajamos, nuestro querido Daniel decidió utilizar todo el poder adquirido en sus Misiones de Verano para conseguirnos alojamiento, pero la estrategia le salió por la culata y casi recibe la mordedura de un perro. Con la misma suerte en un sinnúmero de fundos donde los perros nos perseguían y los zambos nos echaban pidiéndonos perdón porque no tenían la autorización del patrón, nos dimos cuenta de que ya se estaba haciendo de noche y era necesario tomar una resolución. Decidimos que como el problema era la presencia de los diversos dueños, tendríamos que ir a rogarles a ellos mismos por un lugar donde pasar la noche.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así lo hicimos y nos internamos en el interminable mundo de un latifundista, sintiéndonos pequeñitos y observados a cada paso que dábamos durante esos diez minutos de recorrido hacia la casa que, según nos dijeron, estaba en la costa. De pronto, el paisaje cambió drásticamente y aparecieron ante nosotros tres monstruosas embarcaciones que al parecer eran un derivado entre lancha y yate, además de un completo resort con cuatro cáyaks y decenas de juegos para el agua, apilados bajo dos quinchos de vastas proporciones. Detrás de este opulento escenario (al que habíamos llegado claramente perdidos) se oían las risas de niños jugando en el patio de la casa que ya empezábamos a divisar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con más miedo ahora que cuando fuimos seguidos por los supuestos asaltantes, decidimos que debido a mi “rubiedad” yo iría a negociar con la familia. Esto me llevó a una increíble maniobra diplomática donde me gané la confianza de las dueñas de casa, mas no del empresario quien se asomó y me advirtió que nos prestaba su galpón abandonado “sólo por una noche”. Tal y como lo pintan en la literatura, esta gente de alcurnia estaba más preocupada por nuestros apellidos, contactos y logros en la vida que de dónde veníamos o qué intenciones teníamos. Cómo sería que Churro fue confundido con “el Navarro de la empresa Sonda” a lo que tuve que responder que no, que se trataba sólo de nuestro querido Churro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGpXYlrhkI/AAAAAAAAAFY/00wgiEtvsWo/s1600-h/7.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080528073853208130" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGpXYlrhkI/AAAAAAAAAFY/00wgiEtvsWo/s320/7.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Si bien ya teníamos lugar para pasar la noche, aún habríamos de enfrentar la peor parte del día: los nietos del empresario, unas bestias malcriadas, irrespetuosas por lo ajeno y mimadas en demasía lideradas por la controversial Elisa de ocho años y su primo Martín, nos siguieron y nos hincharon las pelotas a más no poder durante todo el trayecto y el tiempo que tomó armar la carpa, hablándonos sobre sus cinco Nintendos, tratándonos de pobres, pegándole a Churro y escupiendo a Araneda, riéndose de nosotros, y de nuestro paupérrimo jurel para la cena así como del estado de nuestra carpa, a la que nos metimos apenas pudimos para escapar de la terrible amenaza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Eran las nueve y media cuando decidimos ponernos a jugar cacho, pero el cansancio y las emociones del día nos vencieron y nos sumieron en un profundo sueño que se vio interrumpido sólo a medianoche, por un llamado de nuestras amigas del colegio Institución Teresiana al celular de Daniel, quien al día siguiente no recordaría nada de lo hablado con su interlocutora.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/363003680725489862-7044610019175053807?l=tenemoshistoria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/7044610019175053807/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=363003680725489862&amp;postID=7044610019175053807' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/7044610019175053807'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/7044610019175053807'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/2007/06/07-lunes-5-de-febrero.html' title='07: Lunes 5 de Febrero, Km. 358'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGn7olrheI/AAAAAAAAAEo/VSLJtyfvawk/s72-c/1.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862.post-8710582847977563911</id><published>2007-06-10T09:35:00.000-07:00</published><updated>2007-06-26T16:46:45.108-07:00</updated><title type='text'>06: Domingo 4 de Febrero, Km. 328</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Al fin un día de descanso había llegado para nosotros. Teníamos previsto alojar un par de noches en Valdivia por lo que a las diez y media de la mañana, tras un reponedor sueño, nos encontrábamos ya en pie para conocer los &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGiA4lrhYI/AAAAAAAAAD4/30bYkQ0a-BU/s1600-h/1.bmp"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGjbIlrhdI/AAAAAAAAAEg/gyMQ9jNHvEc/s1600-h/1.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080521541207950802" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGjbIlrhdI/AAAAAAAAAEg/gyMQ9jNHvEc/s320/1.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;atractivos turísticos (y gastronómicos, según nos indicó el Mito) de los alrededores de la capital de dicha región.&lt;br /&gt;Sin mayores preámbulos desayunamos y entonces ellos lo notaron: había algo diferente en mí esa mañana y no pasaba desapercibido. Algo en mi cara perturbaba a mis compañeros quienes se mantenían perplejos a medida que fijaban sus miradas en un punto de mi ojo derecho.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;¡Tutankamon había cobrado otra víctima esa noche! La maldición egipcia (picadura de zancudo) me había alcanzado y ahora deformaba uno de mis glóbulos oculares, transformándome en un verdadero cuasimodo. Resignándome ante la idea, salimos en dirección a las localidades de Los Molinos y Niebla. Tomamos un bus de la zona donde el zambo que manejaba francamente nos estafó cobrándonos más que a los otros pasajeros, mas no le dimos importancia, pues en poco tiempo arribamos a la zona costera que buscábamos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Sucedió algo muy extraño en ese momento. A medida que recorríamos la costanera de Los Molinos desde donde se divisaban los barcos pesqueros, y conforme el olor a mar iba llenando nuestros pulmones, daba la impresión de que Araneda se iba volviendo más alto, delgado y canoso de lo que nunca había sido. Con cada paso que dábamos su nariz iba cambiando de forma y un par de ojeras empezaban a rasgar sus ojos, al tiempo que diversas arrugas iban surcando su frente. ¿Qué sucedía? Pero si era… era… ¡Anthony Bourdain! Así era. Daniel se había transformado de un momento a otro en el catador oficial de comidas alrededor del mundo del canal de televisión Discovery Travel and Living, quien se aprestaba ahora para engullir toda la comida de la zona, probando cada una de las diversas texturas y sabores existentes en Chile.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080520274192598418" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGiRYlrhZI/AAAAAAAAAEA/xEwGE4sXueo/s400/2.bmp" border="0" /&gt;Nuestra primera degustación la encontramos de la mano de dos pescadores que conversaban animadamente sentados en el borde del paseo, quienes gratuitamente nos dieron a probar de sus exquisitas sierras ahumadas, que devoramos pidiendo más a sólo quinientos pesos. Eso abrió un apetito voraz en nosotros e indujo a Anthony a hacer un acabado catastro del mejor lugar para almorzar en esa zona. Buscábamos el restaurante perfecto que combinara buenos y saludables mariscos con precios moderados, accesibles para nuestros bolsillos, por lo que recorrimos todo el borde costero hasta dar con un fabuloso lugar donde nuestros sueños se volvieron realidad:&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080520544775538082" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGihIlrhaI/AAAAAAAAAEI/PDV-R7MsJ-w/s400/3.bmp" border="0" /&gt;Tras una abundante comida que llenó nuestros cuerpos y repuso las almas, nos fuimos rodando a la zona poniente de la pequeña bahía (ya que el resto estaba absolutamente lleno y seres profundos como nosotros necesitamos de soledad y paz de vez en cuando) y nos instalamos en la única sombra que encontramos cerca de una familia que hacía curanto al lado nuestro, sobre unas piedras resquebrajadas. Nos quedamos vegetando durante un par de largas horas hasta que decidimos que era hora de partir hacia Niebla a ver si era cierto lo que contaban acerca del increíble Festival Costumbrista que allí se desarrollaba. Siempre guiados por Anthony Bourdain cuyo estómago aún no encontraba la paz, caminamos por un par de pendientes hasta llegar a el siguiente pueblo que no quedaba muy lejos de donde estábamos. Al llegar vimos un montón de autos estacionados en lo que parecía una feria, mas al entrar nos percatamos de la impresionante cantidad de gente y humo que llenaban las estructuras de madera y lonas. La música chilena retumbaba por doquier y decenas de mesas se sucedían en orden hasta el infinito para el deleite de sus comensales, quienes, al igual que nosotros, sufrirían de hemorragia a la billetera durante aquella jornada.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGit4lrhbI/AAAAAAAAAEQ/IcJfFPEp4pU/s1600-h/4.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080520763818870194" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGit4lrhbI/AAAAAAAAAEQ/IcJfFPEp4pU/s400/4.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Sin pensarlo dos veces Anthony nos guió por las exquisiteces del pueblo chileno que se ofrecían a costos relativamente bajos y sin dejar nada por conocer, iniciamos la interminable degustación que nos tomó toda la tarde y en medio de la cual conocimos a una pareja conformada por José Bustamante y Yasna Fernández, comensales como nosotros quienes habían ido allí por el día para olvidarse de las obligaciones que una caja de compensación y una juguetería de la zona pueden traer consigo, respectivamente. La lista de comidas ingeridas (sólo en Niebla) se resume en la siguiente: &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Empanadas de mariscos &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mote con huesillos &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGi3YlrhcI/AAAAAAAAAEY/jkCXqQ9CNsg/s1600-h/5.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080520927027627458" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGi3YlrhcI/AAAAAAAAAEY/jkCXqQ9CNsg/s400/5.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Chivo asado &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Ensalada a la chilena &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Empanadas de camarones&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Alfajor de manjar y nueces &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Cerveza Kunstmann &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Helado artesanal &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Plátano con chocolate &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;De pronto, Anthony desapareció entre la multitud frente a nosotros y Araneda reapareció a nuestro lado. Decidimos que ya era hora de partir a vegetar por segunda vez, razón por la cual nos dirigimos hacia la playa de dicho balneario, una suerte de Pucón para un público más bien popular. El mismo techno retumbaba en la playa, pero el auspiciador oficial no era Coca cola, sino más bien Rap Cola. Tras ver la puesta de sol tumbados en la playa durante varios minutos, procedimos con el regreso a casa del Mito en Valdivia. Nos tomamos un bus colapsado de gente que nos dejó en el centro de la ciudad y nos volvimos a sorprender con las iniciativas culturales de los intendentes locales, quienes habían organizado un show de flamenco abierto a todo público, en plena costanera de la capital regional. Tras el show, buscamos un colectivo que nos llevase a la casa de los tíos, pero una verdadera “guerra por el transporte” se había apoderado del pueblo y fue imposible subirnos a un vehículo antes de media hora de espera. Finalmente llegamos a la casa donde alojábamos, conocimos a otros parientes de Daniel, preparamos las cosas para el día siguiente y tomamos once a pesar de que nuestros estómagos no querían saber nada más de comida. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una vez en la carpa nos percatamos de nuestro error y la razón por la que uno de mis ojos estaba tres veces más grande que el otro: una verdadera colonia de insectos había encontrado allí su hogar en nuestra ausencia (seguramente atraídos por el sensual olor a proscrito de Churro), pues habíamos dejado todo abierto sin pensar en las consecuencias. Utilizando nuestra sangre fría y un buen Mortein que nos prestaron en la casa, hicimos frente a la amenaza y acabamos con todo ser viviente que encontramos en la tienda, para acabar respirando químico mata-insectos durante el resto de la noche. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/363003680725489862-8710582847977563911?l=tenemoshistoria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/8710582847977563911/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=363003680725489862&amp;postID=8710582847977563911' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/8710582847977563911'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/8710582847977563911'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/2007/06/06-domingo-4-de-febrero.html' title='06: Domingo 4 de Febrero, Km. 328'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGjbIlrhdI/AAAAAAAAAEg/gyMQ9jNHvEc/s72-c/1.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862.post-5330495338648128630</id><published>2007-06-03T11:48:00.000-07:00</published><updated>2007-06-26T16:45:53.806-07:00</updated><title type='text'>05: Sábado 3 de Febrero, Km. 153</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Con energías renovadas nos levantamos para ver, al salir de la carpa, a un ser que estaba &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGeJIlrhSI/AAAAAAAAADI/87YXidvsugI/s1600-h/1.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080515734412166434" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGeJIlrhSI/AAAAAAAAADI/87YXidvsugI/s400/1.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;invadiendo nuestro territorio: una mortífera vaca come-pasto. Sin darle mucha importancia al asunto desarmamos el campamento con las gargantas secas. La sopa de la noche anterior nos había dado mucha sed y de nuevo nos encontrábamos sin agua en la botella, por lo que la vuelta a la carretera se hacía primordial. Eran casi cincuenta kilómetros los que nos separaban de nuestra siguiente parada y dadas las condiciones, la posibilidad de hallar transporte se veía difícil, por no decir imposible.&lt;br /&gt;Iniciamos la sufrida caminata en la misma dirección que habíamos seguido el día anterior. Al poco andar encontramos una vertiente de la que nos abastecimos, a pesar de las mamonas críticas de Araneda quien “no confiaba en esas aguas, ya que no sabíamos de dónde venían” y seguimos caminando durante varias horas en las que la temperatura empezó a incrementar paulatinamente. Tras andar y andar, cruzándonos con huasos en bicicletas, siendo pasados a gran velocidad por algunos automóviles e implorándoles infructuosamente a unos vendedores de quesos que nos ayudasen a avanzar unos kilómetros, una camioneta pasó con un armatoste de madera ensamblado en su cola. Allí nos fuimos disfrutando del viento durante escasos minutos, pues el conductor dobló enseguida para ir a trabajar. Otra vez caminar. Paso a pasito hasta dejar atrás cientos de vidas desconocidas para nosotros, pero que estaban allí. Están allí todos los días.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces, cuando ya nos encontrábamos lejos de la vista del lago Calafquén, llegamos a un punto donde un camión de bandereros que habíamos visto en la mañana se había detenido. En este punto el tramo había sido cortado y los autos debían detenerse o disminuir la velocidad para pasar la zona. ¡Bendita suerte! Nos echamos a un lado del camino a esperar a que pasara algún auto y resultó que la primera camioneta roja (extraña coincidencia) que pasó por ese lugar, avanzó lentamente, nos vio y aceptó nuestras peticiones de aventón. Para mejorar aún más las cosas, el conductor iba oyendo el antiguo disco “Era” muy fuerte e iba directo a la ciudad de Panguipulli.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Conforme aumentaba la velocidad y empezábamos a pasar al resto de los vehículos en forma peligrosa, nos fuimos asustando. Nosotros íbamos en la parte trasera de la camioneta, pero desde allí podíamos asomarnos a la cabina y ver, perfectamente, cómo la aguja de velocidad se acercaba peligrosamente, cada vez más, al número ciento cincuenta. Las curvas eran una experiencia parecida al Fantasilandia, nuestras pieles quedaban atrás amenazando con separarse de sus huesos, pero llegamos a Panguipulli, aunque no lo creíamos, sanos y salvos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo que vimos al llegar realmente nos decepcionó. Tras recorrer la ciudad en pos del lago (habiendo lógicamente jugado en las maquinitas y comprado los milagrosos helados Mustang de la marca Fruna a sólo doscientos pesos) fuimos a desayunar a orillas de éste, esperando que nos recibiera una playa paradisíaca o algo por el estilo. No por nada el lago Panguipulli era conocido por su belleza, claro está, si lo miras desde la perspectiva de la gente que tiene sitio a orillas de dicha preciosidad natural. Lo que nosotros (y la gente que vivía en esa ciudad a orillas del lago) vimos fue un desagüe lleno de maleza en cuyo borde crecían enormes sauces. Nada de playa.&lt;br /&gt;En fin, nada nos iba a amilanar. Habíamos llegado a las once cuarenta y cinco a Panguipulli en auto creyendo que caminaríamos un día entero y era hora de celebrar. Alzando la leche con chocolate procedimos a brindar por nosotros y un ¡Salur! Ronco respondió a nuestras espaldas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGeiYlrhUI/AAAAAAAAADY/Ddrt9fA4rtA/s1600-h/2.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080516168203863362" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGeiYlrhUI/AAAAAAAAADY/Ddrt9fA4rtA/s320/2.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Nos quedamos mirando unos a otros estupefactos. Ninguno había dicho nada, pero todos habíamos oído esa voz de ultratumba. Al darnos vuelta vimos a un borracho sentado a unos metros de nosotros que alzaba su propia “caja de leche Tocornal tinto” y bebía sin más, repitiendo: ¡Salur borr los viajerros! En tanto Araneda y yo optamos por ignorarlo y seguir desayunando, Churro decidió utilizar sus propios dotes de comunicador social para entablar conversación con el anciano. Al poco tiempo, mientras nos mirábamos escépticos con Daniel, llegaban a nuestros oídos fragmentos de historias acerca de la cuerda con la que Carlos Rojas (así se llamaba el narrador) había amaestrado a un puma para salvar su vida, cómo se había transformado en maestro de artes marciales y cómo había acabado allí. Por supuesto, una vez que terminó el interesante diálogo, procedimos a tapizar de carcajadas la ingenua situación de Churro y las inverosímiles historias.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGe24lrhVI/AAAAAAAAADg/H2m9JHpm6jE/s1600-h/3.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080516520391181650" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGe24lrhVI/AAAAAAAAADg/H2m9JHpm6jE/s320/3.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Fuimos a lavar las ollas de la noche anterior en el patio trasero de una tienda de motos de agua, para luego sentarnos a comer pan con jurel y mayonesa frente a un colegio rural. Tras este nutritivo almuerzo concluimos que no había nada más que ver en esa ciudad y optamos por continuar nuestra travesía en dirección a la ciudad de Los Lagos, ubicada a sesenta kilómetros de distancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cambiando el “Modus Operandi” que habíamos utilizado hasta entonces (caminar hasta reventar y si alguien nos llevaba, fantástico) avanzamos sólo hasta una loma que se encontraba al final de la ciudad donde nos echamos a esperar a que algo pasara. La regla era que caminaríamos siempre y cuando las distancias fueran veinticinco kilómetros o menos, pues es el promedio que recorre un viajero en un día. De ser más, eso suponía alojar en distintas partes, lo que nos demoraría aún más y cansaría el doble.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tras unos quince minutos de “dedo” sin resultados, una camioneta azul se detuvo a nuestro lado. Churro se les acercó y les preguntó a sus ocupantes si iban a Los Lagos y para su desconcierto, el copiloto le respondió algo así como “Yah”. Nos encontrábamos en un transporte chileno a merced de conductores alemanes ¿Qué supondría eso? Sólo el destino nos respondería unos minutos más tarde, cuando estuviéramos más incómodos que el gurú, con brazos y piernas dormidos, recostados sobre botellas de cerveza y comida enlatada, recorriendo hermosos y verdes paisajes a toda velocidad. El río Pucono corría a nuestra derecha y hacía la vista realmente agradable. ¡Seguramente Los Lagos sería una ciudad fantástica!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080516954182878562" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGfQIlrhWI/AAAAAAAAADo/6-XjE68E1DI/s400/4.bmp" border="0" /&gt; …fantástica era la cantidad de aburrimiento que podías encontrar en una ciudad como esa, ubicada a sólo cinco kilómetros de la Ruta 5 Sur, sin atractivo natural alguno, salvo el mismo río que ahora corría enlodado, bajo los puentes roñosos. Las copiosas plantaciones de pino radiata del Grupo Angelini nos observaban burlonas desde sus colinas, riéndose en silencio de nuestra suerte cuando, resignados, nos sentamos en la plaza de armas. No había maquinitas, no había helados Mustang (francamente el consumismo de Araneda nos contagiaba) y tampoco había nada que visitar. Los Lagos era la sede nacional del aburrimiento y era menester salir de ahí cuanto antes. Yo había pensado en una ruta que aún me daba cierta esperanza, por la que podríamos llegar a Valdivia disfrutando de un hermoso paisaje: se trataba de la ruta construida junto a la ribera del río Calle-Calle, que atravesaba cincuenta kilómetros hasta llegar a la reciente capital de la Región de los Ríos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aún faltaba lo peor. La premonición de lo que vendría me la otorgó un huaso que se paró junto a mí en un baño al interior de un restaurante y me narró, al tiempo que me lanzaba ese delicioso olor a alcohol barato, cómo su órgano genital ya no funcionaba desde hacía algunos años. ¿¡Qué me importaba a mí!? ¡Yo sólo quería irme de ese lugar! Así que nos dirigimos a la salida del glorioso camino que nos esperaba y nos dedicamos a esperar, lanzándole piedras a un letrero, hasta que alguien pasara por allí y nos llevara. &lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lamentablemente el tiempo empezó a avanzar cada vez más lento, el calor nos amodorraba y los únicos autos que pasaban lo hacían con un intervalo de veinte &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGfd4lrhXI/AAAAAAAAADw/6ULItXrM7G8/s1600-h/5.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080517190406079858" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGfd4lrhXI/AAAAAAAAADw/6ULItXrM7G8/s400/5.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;minutos y en otra dirección. Aparte de esos transportes, eran animales vagabundos lo que más se veía en esa zona cercana a múltiples botillerías donde vendían vino Colo-colo, el que estaba acabando con los hígados de los ancianos de la zona y nos los lanzaban a nosotros, (a los viejos, no a los hígados) donde se nos pegaban y conversaban durante largos e inconexos minutos. Todos estos hombres vivían de eso: del alcohol. Y era una verdadera novedad para ellos vernos allí. Uno de los ancianos pasó tres veces por delante de nosotros antes de perderse por las calles de los suburbios hasta que una señora que paseaba por la zona nos dijo que aquel camino de tierra ya nadie lo usaba, por lo que podíamos estar días enteros esperando a que alguien nos llevara. En vez de eso, podíamos optar por el camino a Valdivia por Mafil, al norte (ochenta kilómetros) o el que pasaba por Paillaco, al sur (setenta y cinco)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La resolución fue inmediata: ¡Cualquiera! Lo único que importaba ahora era salir de allí y llegar a cualquier parte, así que nos levantamos y nos dirigimos a la plaza nuevamente a tomar uno de los famosos buses rurales que habíamos visto durante todo el viaje. Estos buses eran los mismos que habían sido dados de baja años anteriores en Santiago y ahora recorrían las zonas meridionales trasladando a los borrachos y a la gente trabajadora de un lugar a otro. Con esta descripción caracterizo perfectamente el viaje que nos tocó realizar. Fue una hora y media de alcohólicos gritando, oliendo mal, guaguas llorando, señoras que retaban a sus maridos, modorra, calor, movimiento incesante e incomodidad sin límites. Las mochilas iban apiladas en el asiento del copiloto y la gente se apretaba como tendrían que hacerlo meses después los santiaguinos por culpa del Transantiago. Tras este glamoroso viaje, arribamos a Valdivia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al bajar del bus nuestras neuronas volvieron a funcionar con normalidad y empezamos a pensar en conjunto cómo y dónde conseguir alojamiento. En estas cavilaciones nos encontrábamos cuando Araneda, con su sonrisa conciliadora de por medio, nos contó que su tío a quien llamaban “Mito” vivía en esa ciudad, por lo que inmediatamente se dio a la tarea de localizarlo y conseguirnos un lugar donde pasar la noche. Tras cortas y diplomáticas negociaciones por celular recorrimos cada una de las poblaciones de la ciudad en bus para llegar, finalmente, al barrio de El Bosque, donde el Mito vivía con su señora y sus hijos: Martín y Cristóbal. Los tíos de Araneda nos acogieron con cariño, se interesaron por nuestro viaje y nos hicieron varias recomendaciones. Como nuestra intención era recorrer Valdivia y luego tomar un bus a Osorno para desde allí llegar directamente al Llanquihue, y siendo que recién llevábamos la mitad de los días programados, nos aconsejaron una hermosa ruta hacia el lago Ranco para llegar “por dentro” a nuestro destino, aprovechando aún más el viaje. Después de eso armamos nuestra carpa en el patio y jugamos con los pequeños, mientras la mujer del Mito, Beatriz, nos preparaba una contundente “once” que comimos con amor. Una vez que terminamos con estas paradisíacas acciones, rematamos con un deleitante baño de agua caliente para sacarnos la arena y vernos al menos decentes para ir al centro de la ciudad a cachar la movida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En unos minutos nos veíamos nuevamente en el bus número veinte, en plena noche, convenientemente abrigados y con muchas ganas de pasarlo bien camino al centro. Una vez allí nos dirigimos a la costanera (Araneda y yo habíamos recorrido junto a otro amigo, Aylwin, esa ciudad el año pasado, por lo que conocíamos muy bien el centro) y de pronto empezamos a oír algo así como unas intensas ondas sonoras que se acercaban a medida que avanzábamos, golpeando el aire, seguido de ovaciones y gritos de una multitud. Conforme nuestros pies se apoyaban sucesivamente en los suelos de cemento, unas conocidas melodías iban cobrando forma y alcanzábamos a reconocer… ¿La voz de Freddy Mercury? Doblamos una esquina y de pronto lo vimos: un concierto gratuito al aire libre se había tomado las calles y enormes carteles de Cerveza Cristal refulgían en la noche, mientras miles de personas aglomeradas bailaban y cantaban al son de las famosas canciones de Queen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Pero eran realmente ellos? Teníamos entendido que su vocalista había muerto hacía años, pero allí estaba: con su bigote, su sudadera blanca y sus movimientos perfectamente coordinados con el soporte del micrófono, todo esto acompañado de su aguda y potente voz cantando “I love to ride mi bycicle”. Se trataba del grupo argentino God Save the Queen, quienes habían sido invitados por la empresa cervecera de Andrónico Luksic (CCU) a cantar como el tributo a Queen que eran. El concierto duró varias horas que disfrutamos con el resto del público hasta su fin, para luego dirigirnos a la plaza de armas donde había una batucada y un grupo local tocando música andina. Realmente Valdivia estaba de fiesta por la creación de la nueva región y eso se notaba. Esta era una ciudad que no moriría tan fácilmente como Los Lagos y que potenciaba enormemente la cultura, pilar esencial del atractivo turístico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de recorrer la zona y comer unas papas fritas acompañadas de unas bebidas, nos tomamos el colectivo número cincuenta y regresamos a dormir, con nuestros cuerpos y espíritus en paz. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/363003680725489862-5330495338648128630?l=tenemoshistoria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/5330495338648128630/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=363003680725489862&amp;postID=5330495338648128630' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/5330495338648128630'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/5330495338648128630'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/2007/06/05-sbado-3-de-febrero.html' title='05: Sábado 3 de Febrero, Km. 153'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGeJIlrhSI/AAAAAAAAADI/87YXidvsugI/s72-c/1.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862.post-3892011839709316552</id><published>2007-05-27T20:04:00.000-07:00</published><updated>2007-06-26T16:44:20.995-07:00</updated><title type='text'>04: Viernes 2 de Febrero, Km. 88</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Regresando del lago, tras un refrescante y tonificador baño matinal, Araneda y Churro recorrieron las calles desiertas y llenas de botellas vacías de Pucón en dirección al campamento cuya gente aún no despertaba en su totalidad. Al llegar, siendo ya las diez de la mañana, se detuvieron cerca de nuestra carpa, charlaron un rato y luego procedieron a entrar. Lo que vieron no era muy diferente de lo que habían visto horas antes cuando salieron: Matías Schmidt (yo) yacía aún inerte con la misma sonrisa decadente cruzando su rostro, tapado con su saco de dormir hasta el cuello, a pesar de que el calor había transformado la tienda en un verdadero sauna. Haciendo uso de toda clase de artilugios y técnicas, trataron de reanimar a dicho muerto que la noche anterior se había cruzado ante ellos alegremente con ojos desorbitados para ir a dar a un muro donde se apoyó y no se movió en las siguientes dos horas que se habían sucedido. En el muro, comentaban entre risas, el rubio personaje había recibido las amonestaciones de sus compañeros repetidas veces y había continuado vomitando como lo acababa de hacer ante las hermosas mujeres de Freire.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al oír hablar de esas féminas, me trasladé desde el séptimo sueño hasta la realidad para aterrizar dentro de ese saco y ver, confundido y horrorizado a la vez, que me encontraba dentro de mi propia carpa ¡en calzoncillos! No había marcas de guerra por ninguna parte, por lo que inferí que yo mismo me había trasladado a la carpa tras las dos horas en la muralla que mis amigos me relataban y que por alguna extraña razón no podía recordar. Un poco más tranquilo miré hacia un borde de la carpa y encontré la famosa Coca cola que con mi maestría (o falta de escrúpulos) había conseguido y procedimos a armar el campamento para proseguir el viaje. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mientras yo jugaba al abuelo bondadoso con la gente que iba despertando en el decadente campamento, repartiéndoles Kitadol y otros remedios, Churro y Araneda habían ido a comprar el desayuno que poco después compartiríamos, minutos antes de ponernos en marcha. Félix y sus dos amigas también partirían más tarde a Lican Ray, por lo que intercambiamos&lt;br /&gt;números de teléfono y quedamos en vernos esa misma noche en el siguiente destino.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAaQld82bI/AAAAAAAAACw/j3KMKzOm1PA/s1600-h/a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080089251911883186" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAaQld82bI/AAAAAAAAACw/j3KMKzOm1PA/s320/a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;De inmediato pusimos nuestras mentes en funcionamiento y llegamos a la deducción de que no queríamos repetir la horrible experiencia que habíamos tenido con Churro camino al Huerquehue por esos inhóspitos caminos, así que buscamos un bus que nos llevara a Villarrica, lugar desde donde haríamos nuestro primer “dedo” con el trío completo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nos subimos a un bus donde entablé conversación con una señora de Curarrehue que le había salvado la vida a uno de mis cabros de scout un par de años antes (y a quien seguramente la dejé mareada con mi tufo a copete) y en pocos minutos llegamos a nuestro destino, donde nos bajamos y empezamos, en nuestro decadente estado, a preguntar a las camionetas que pasaban si alguna iba al lago Calafquén. En poco rato nos encontrábamos otra vez caminando por esos parajes sureños hacia la salida de la ciudad, donde nos encontramos con otro mochilero que estaba solo recorriendo esa zona “hasta que le alcanzara la plata” según dijo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAVyFd82UI/AAAAAAAAAB4/arPuoik0y1Y/s1600-h/2.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080084329879361858" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAVyFd82UI/AAAAAAAAAB4/arPuoik0y1Y/s400/2.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Pocos minutos después, una camioneta roja pasó por allí y nos llevó a gran velocidad a los cuatro viajeros que charlábamos animadamente atrás, durante un recorrido de veinticinco kilómetros hasta Lican Ray.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una vez allá empezamos a conocer el maldito “vicio” que aqueja actualmente a todo nuestro país y que por estos días han sido requisados y destruidos por montones: las famosas maquinitas de apuestas. Nuestro siempre-dispuesto-a-derrochar amigo Araneda nos indujo sin mayores problemas a que probásemos suerte en dichos aparatos diseñados para mentes débiles y al instante caímos en su magia, ganando la suma no menor de mil novecientos pesos entre Churro y yo (Al parecer la fortuna no acompañaría a nuestro nuevo compañero durante todo el viaje. Eso dicen: “Mala suerte en el juego, buena en el amor”, lo que había quedado demostrado la noche anterior). Poco después arribamos a la concurridísima playa del lago Calafquén donde nos instalamos a un costado y empezamos a cocinar mientras la polémica Coca cola se enfriaba en el agua, junto a los botes de la zona. De a poco, mientras esperábamos que el arroz primavera se calentara y el jurel reposaba dentro de su lata esperándonos con su Omega 3 listo para entrar a nuestro organismo, la modorra se empezó a apoderar de nosotros hasta relajarnos por completo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esto produjo que tras el exquisito almuerzo que resultó, nos quedáramos los tres casi completamente dormidos bajo esa agradable sombra desde donde oíamos los gritos de los niños a nuestro alrededor. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080084733606287698" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAWJld82VI/AAAAAAAAACA/42z9XNGf_T8/s400/3.bmp" border="0" /&gt; Un estridente grito nos despertó: un niño había sido arrojado por su compañero desde el muelle y ahora nadaba hacia la orilla en busca de su madre. Definitivamente habíamos pasado demasiado tiempo haciendo nada. Ya era hora de partir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por esta razón nos incorporamos lentamente y guardamos las cosas para dar nuevos pasos hacia la aventura que nos esperaba. Empezamos nuestro recorrido de vuelta por las calles del balneario (interrumpido en ocasiones por una que otra maquinita que nos llamaba irremediablemente) y de pronto Churro se detuvo en seco. Como lo quedamos mirando extrañados con cara de ¿qué diablos te pasa? no tuvo más remedio que confesar la verdad: nuestro amigo había hecho una promesa poco tiempo atrás, en la que juraba que si entraba a la Universidad de Chile habría de raparse, cambiando radicalmente de look. Al parecer había llegado el momento oportuno para llevar a cabo dicha amputación del famoso coral.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al llegar a la casa de la señora peluquera, que no aparentaba por ningún motivo el aspecto de una barbería, todo se volvió irreal. Churro nos miró por última vez desde la entrada como nostálgico, con algo en su mirada que nos decía que desde ahora todo sería diferente. Aquella puerta de formas inescrutables se fundió a la sombra de nuestro compañero que desapareció con un sonido sordo de pies que retumbaban en una madera mágica, oscura, sospechosa… Nosotros nos mirábamos con Araneda. Todo se iba hundiendo a nuestro alrededor a medida que el sol bajaba llevándose la luz a su paso. Junto al sonido de los certeros tijeretazos que nos llegaban a través de una espesa niebla mental, los paradigmas en los que habíamos creído se caían y desparramaban ante nosotros, llenándonos de dudas e incertidumbre por lo que se asomaría al cabo de media hora desde la puerta a nuestras espaldas. El Churro que había crecido junto a nosotros estaba siendo mutilado al interior de aquella casa perdida en el Sur de Chile en ese momento y sólo la señora sería testigo del acontecimiento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De repente Araneda no aguantó más la tensión y decidió adentrarse en los parajes de “La Dama del Pelo” para conocer el estado de nuestro amigo. Lo seguí al interior y escrutamos alrededor. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando al observar detenidamente, vimos a un punk sentado donde debería haber estado nuestro compañero, rodeado de un copioso pelo negro a sus pies. Interminables carcajadas sacudieron nuestros diafragmas y acabaron con nuestra incertidumbre en ese momento y una intensa sesión de fotos acompañó a Churro en sus cambios hasta que salió de aquella casa. Sin duda se trataba de otra persona. Este no sería más el Churro del colegio San Ignacio El Bosque, sino el de Derecho en la Universidad de Chile. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080085249002363234" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAWnld82WI/AAAAAAAAACI/iYjoAlNxB6w/s400/4.bmp" border="0" /&gt;El sol ya había desaparecido tras las colinas más altas a nuestro alrededor por lo que la salida de Lican Ray era inminente. Nos pusimos en marcha en dirección al Panguipulli y avanzamos por las calles llenas de veraneantes durante un buen rato. De pronto, al cruzar ante una tienda de flipper’s, Araneda miró de reojo y atisbó a un amigo de toda la vida que había conocido allí años atrás. (Daniel había ido muchas veces a Lican Ray antes) Mientras nosotros nos aprovisionábamos para el viaje que nos esperaba, nuestro amigo disfrutó un rato de su reencuentro para luego proceder a comprar pilas para su cámara.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAW4ld82XI/AAAAAAAAACQ/FZx64QfRE40/s1600-h/5.bmp"&gt;&lt;/a&gt;Entonces nos vimos una vez más avanzando y cantando por los caminos de esa región. Habíamos &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAapld82cI/AAAAAAAAAC4/Y62yph6vmnE/s1600-h/b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080089681408612802" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAapld82cI/AAAAAAAAAC4/Y62yph6vmnE/s320/b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;dispuesto que el “hombre del agua” (aquel que llevaría el líquido vital durante la jornada) cambiaría cada día y el traslado de la pesada carpa cambiaría cada dos. Poco a poco la luz iba disminuyendo y el paisaje se iba volviendo más natural, mientras las melodías de diversas canciones de misa entonadas al son del desastre sonoro salían de nuestras cuerdas vocales y llenaban nuestros oídos. Unos niños gitanos nos vieron pasar y salieron corriendo a su campamento lleno de colchones y autos en mal estado que reposaban sobre esa tierra de ganado y campings. El lago Calafquén refulgía a nuestra izquierda con los tintes que el ocaso plasmaba en sus aguas, tiñendo el paisaje de un naranjo intenso con los volcanes recortándose en lontananza. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAXUFd82ZI/AAAAAAAAACg/hD_VZmuwW2c/s1600-h/6.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080086013506541970" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAXUFd82ZI/AAAAAAAAACg/hD_VZmuwW2c/s400/6.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Pocos autos pasaban raudamente a nuestro costado sin mirarnos siquiera y ensuciando a su paso cientos de moras que crecían al borde del camino. La incertidumbre del dónde dormir se mezclaba con la paz que nos producían esos entornos, mientras algunas ovejas a nuestro alrededor balaban saludándonos. De pronto, tras haber pasado a un par de señoras que caminaban con sus hijos en la dirección opuesta y haber ignorado una serie de buenos sitios para alojar, divisamos el que parecía la zona perfecta para dormir: una planicie con vista al lago, tapada por una loma para evitar miradas desde la carretera y un fantástico acceso al agua dulce.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tras pasar el alambre de púas, revisar el terreno y cerciorarnos de que no había nadie a nuestro alrededor que nos molestara, Churro (ahora dotado de una gran experiencia en vida campestre) empezó a armar la carpa instruyendo a Araneda en este arte mientras yo iba a buscar agua sin resultados. La bajada al lago era una utopía cortada a pique, elevada a unos treinta metros por sobre el nivel del agua. En resumen, no teníamos agua ni para saciar nuestra sed ni para cocinar. El “aguatero” del día, Araneda, no había cumplido su misión y conforme a las estrictas normas de supervivencia imperantes, debería regresar a la carretera y seguir caminando hasta conseguirla. Así, abrigado con un polerón, nuestro amigo acató su obligación y emprendió el viaje, mientras nosotros preparábamos el sitio para alojar, disfrutando de las primeras estrellas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando Daniel regresó comimos tallarines con sopa de espárragos a la luz de la lámpara a gas y disfrutamos del paisaje una vez más, en cuya lejanía las luces de los pueblos distantes ya llevaban bastante rato brillando. Después de eso nos acostamos a dormir. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/363003680725489862-3892011839709316552?l=tenemoshistoria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/3892011839709316552/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=363003680725489862&amp;postID=3892011839709316552' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/3892011839709316552'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/3892011839709316552'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/2007/05/04-viernes-2-de-febrero.html' title='04: Viernes 2 de Febrero, Km. 88'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAaQld82bI/AAAAAAAAACw/j3KMKzOm1PA/s72-c/a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862.post-877729899814932</id><published>2007-05-20T19:37:00.000-07:00</published><updated>2007-06-26T16:43:18.254-07:00</updated><title type='text'>03: Jueves 1 de Febrero, Km. 88</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Era una emergencia. El apuro era inevitable. Las cosas caían desordenadamente en las mochilas sin orden alguno y la carpa parecía compactarse sola, debido a la velocidad con la que maniobrábamos. &lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Nos lo habían advertido la noche anterior: debíamos desalojar muy temprano ese patio, pues la arrendataria de la casa llegaría como a las nueve y no le iba a gustar ver más gente alojando allí sin su permiso. Tendríamos que irnos a la playa mientras la señora llegaba y luego podríamos volver para fingir que éramos unos amigos invitados amablemente por la familia a tomar desayuno, sin que esto significara que habíamos dormido ahí.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Todas estas cosas íbamos recordando lentamente con un letargo que nos tenía tendidos en la playa de Pucón a esa hora, junto a un perro que husmeaba nuestras mochilas en busca de comida. Así hacíamos hora hasta las diez para ir a desayunar, mientras el calor iba incrementando poco a poco.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Luego de un par de desacuerdos que tuvimos con Churro en cuanto a horarios se refiere (él decía que nos habíamos despertado demasiado temprano y yo encontraba que estaba bien) volvimos a la casa donde desayunamos a vista y paciencia de la arrendataria que seguramente sospechaba de nosotros. La familia se iba ese día así que los ayudamos a subir las cosas al auto, pero las chiquillas se iban a cambiar a otra casa en Pucón que habían arrendado por su cuenta, a la que llegarían el resto de sus amigas.&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoASL1d82SI/AAAAAAAAABo/K9L3lLHSei8/s1600-h/1.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080080374214482210" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoASL1d82SI/AAAAAAAAABo/K9L3lLHSei8/s400/1.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Decidimos volver a la playa y esperar ahí a Araneda, quien llegaría, supuestamente, a mediodía. Tendidos en la arena una vez más, leyendo el diario y comiendo aceitunas rellenas con pimentón (regalo de la mamá de Churro), no me di cuenta de cómo poco a poco mi cuerpo se iba volviendo más y más rojo hasta adquirir tintes sanguinolentos, por falta de crema anti-rayos UV.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de varias horas llamó Araneda aduciendo que “no encontraba fácil que nos llevaran en el mochileo, razón por la que sugería esperarnos en Valdivia”. Comentario digno de un verdadero mamón.&lt;br /&gt;Entonces supimos que nuestro compañero no llegaría sino hasta las cuatro de la tarde, por lo que nos dirigimos a un boliche a comprar hamburguesas enormes para almorzar. Estábamos en Pucón, ya habría tiempo para comer pan con jurel.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una verdadera mochila con patas nos encontró tendidos en las sillas con los restos de las migas en nuestros platos y los juguitos de muela en los vasos. Se trataba de Daniel, nuestro amigo recién llegado de misiones cuyo pelo café y siempre bien ponderada “sonrisa conciliadora” destacaban bajo el calcinante sol que había hecho notables estragos en mi piel (Churro se salvó por haber tenido la brillante idea de colocarse bajo un quitasol). De inmediato se nos unió y le preguntamos por el tamaño descomunal de su mochila, siendo que no llevaba ni carpa ni comida. Al parecer, un exceso de ropa se había posesionado del recién llegado, quien se encontraba ansioso por iniciar la aventura. Lamentablemente para él, con mi primer compañero de viaje ya habíamos decidido quedarnos a carretear en ese balneario y partir al día siguiente, pero faltaba lo más importante: conseguir alojamiento.&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Bajamos a la playa junto a las chiquillas con el principal objetivo de obtener un techo, entre otras cosas, y nos acomodamos en los quince centímetros cuadrados que nos correspondían a cada uno. Todo estaba lleno, diversas melodías techno se unían en disonancia provenientes de diferentes puestos de productos, miles de empresarios y sus hermosos hijos, así como humildes lugareños con los suyos, se calentaban bajo el sol veraniego en una paz ficticia mientras bellas modelos pasaban de un lado para otro regalando viseras, botellas con agua, free pass para las discoteques y miradas coquetas; la gente se miraba, se juzgaba y buscaba algo inteligente que decir en aquel hormiguero humano que nos recibía. En un momento dado no aguantamos más. Buscando una salida para huir de esa masa humana nos dirigimos los tres al lago para refrescar nuestros cuerpos y cambiar de ambiente, mas lo único que conseguimos fue pararnos en un entorno similar al de la playa, pero más húmedo, con miles de prójimos a nuestro alrededor que volvían el líquido transparente en una sustancia un tanto amarillenta. &lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Desesperados por reencontrarnos con la soledad y la paz que habíamos experimentado en el Parque Nacional Huerquehue, nadamos hacia las boyas, ¡sólo para encontrarlas igual de llenas que todo lo demás! Junto a nosotros se aglomeraba la gente que, con su peso, hacía sumergirse la cuerda de las demarcaciones, la que de un momento a otro se cortaría bajo el peso de todos aquellos que buscábamos lo mismo.&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Churro se resignó ante este panorama y simplemente se echó bajo un quitasol a descansar, pero cuando ya el sol empezaba a ponerse y los intentos de conversaciones con gente como Raúl y Jhonny (esos especimenes que no tienen nada mejor de que hablar si no es criticando la forma en la que se está comportando la persona que está a su lado) eran francamente infructuosos, tomamos la determinación de mandarlo todo al “garete” con esa gente y partir a buscar alojamiento por nuestra cuenta.&lt;br /&gt;El broche de oro de todo este ambiente top se produjo cuando, apenas saliendo de la playa, nos encontramos con el guatón García y su séquito de gente popular que llegaban a Pucón, dispuestos a no dejar indiferentes a nadie con su esencial presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esa forma comenzamos a recorrer las congestionadas, humanamente hablando, calles de Pucón en busca de un sucucho donde pasar la noche. Nuestro referente era el guatón García que se estaba hospedando en lo que él denominó un “sauna de tres lucas” que no era más que un hostal de madera donde todos sus compañeros entraron juntos y al instante empezaron a sudar. Nuestro reto era encontrar algo mejor y, ojala, más barato. Por lo tanto nos dividimos con Araneda y caminamos cada uno por su lado tasando precios y calidad hasta que en el momento en que las esperanzas nos abandonaban y casi optábamos por una pieza de cuatro mil pesos por persona, nos topamos con Nacho, el supuesto argentino que habíamos visto el día anterior, y que resultó ser paraguayo. Sin dudarlo dos veces lo seguimos y nos guió hacia lo que parecía ser una casa como todas las demás. Cuando, atravesando las piezas, llegamos al patio de atrás, un nuevo mundo se abrió ante nosotros: decenas de carpas estaban diseminadas por la zona donde no faltaba ni luz ni agua potable. Mucha gente reía animadamente y saludaba a nuestro guía mientras pasaba ante ellos. Definitivamente este camping clandestino, convenientemente resguardado y en pleno centro de la ciudad, era lo que andábamos buscando. &lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Nos inscribimos con el Nacho y volvimos donde el resto para buscar al Churro y pedirle a las amigas si nos podían guardar las mochilas durante esa noche, por motivos de seguridad. No habría sido una buena experiencia un robo a nuestra carpa la primera noche junto a Araneda. Aún no sabíamos qué esperar de ese lugar.&lt;br /&gt;Habiendo dejado a salvo nuestras pertenencias en esa casa que las damas habían arrendado entre todas y que no estaba a más de una cuadra de nuestro sitio, procedimos a instalarnos en nuestro sector y empezar a cocinar (la noche ya había caído y la juventud, expectante, esperaba la hora para salir a gozar).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y empezó, in crecendo, lo inevitable…&lt;br /&gt;Me encontraba revolviendo los tallarines que se calentaban sobre la cocinilla portátil a la luz de nuestra pequeña lámpara a gas butano, mientras mis compadres iban a comprar el preciado líquido desinhibidor a esos locales de poca monta. El aliño completo caía y coloreaba el agua hirviendo mientras las risas de una larga mesa ubicada frente a mí y llena de gente, retumbaban en mis oídos, al tiempo que el choque de vidrios y hielos hacían estruendo en medio de lo que prometía ser una ruidosa noche. De pronto, una desaliñada pero hermosa damisela se me acercó y me invitó (con esha voz ashí súper relajaa, hermano) a carretear con ellos. Le comenté que mis amigos estaban en una misión de gran importancia y que si volvían sanos y salvos, les daría de comer y luego, con fuerzas restauradas, los acompañaríamos felices. Su polerón rasgado me dio la espalda y regresó a su mesa. &lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Unos minutos después, una olla con restos de salsa caía al interior de una bolsa de basura al interior de la carpa junto a los otros utensilios de cocina y en su lugar aparecían vasos y una botella de pisco de alto octanaje para compartir entre los amigos. Nos dirigimos a la enorme mesa convertida en el principal centro de atracción, donde se aglomeraban distintos ejemplares de nuestra fauna juvenil-nacional, todos en un aparente estado de ebriedad. Entre los presentes había un rasta llamado Félix, varias personas de Puerto Varas, un par de mujeres de la misma onda que la que nos invitó, un flaite que hablaba inglés a la perfección llamado Michael Douglas (sí, igual que el actor), un gringo llamado “Tres”, un brasileño, una gótica, un grupo de féminas provenientes de la maravillosa zona de Freire, un par de entes de Osorno, un ser que ya no podía ni modular y uno que otro ejemplo de esos que suelen abundar en nuestro suelo nacional, comúnmente conocidas como “camboyanas”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Digamos que nos mantuvimos un par de entretenidas horas en la denominada “mesa de la biodiversidad” y de pronto el elixir mágico se agotó. Con Araneda entonces, decidimos cambiar el curso de los acontecimientos. Junto a un tipo de Puerto Varas salimos a recorrer Pucón en busca de más piscolas, pero al poco andar nos dimos cuenta de que todo estaba cerrado. Nuestro guía sureño conocía cada una de las picás de allí y nos trasladó de un lado a otro sin resultados. Pero de pronto, un pintoresco ser de negras vestiduras y negra mochila apareció ante nosotros y empezó su negro negocio clandestino al doble de precio. Tras seguirlo por las oscuras calles de esa ciudad lacustre hasta su escondite durante unos largos y preocupantes minutos en los que Araneda creyó que no me volvería a ver, regresé con el elixir a un menor precio y emprendimos la vuelta. De poco sirvieron mis habilidades de relacionador público, pues poco después la botella se caía en plena calle, rompiendo la bolsa, haciendo un terrible estrépito.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Nuestro amigo de la zona del Llanquihue, utilizando sus sobresalientes habilidades sociales (no es broma, conocía a TODO el mundo) consiguió otra “promo” y trató con sus sucias intenciones de apoderarse de la Coca cola que se había salvado del primer desastre. Por mi parte, con mis propios negros propósitos pasé por alto esta exigencia y fragüé un plan para ser aplicado a futuro, siguiendo la línea de pensamiento de “El Padrino”, como explicaría al día siguiente. Volvimos al campamento y nos bebimos casi nosotros dos solos (los de los negros pensamientos) el contenido de la botella. En ese momento, todo se aceleró, se tornó difuso y alegre. La gente sonreía a nuestro alrededor entre nubes desenfocadas, los comentarios del corazón salían a borbotones de nuestras gargantas como ecualizadas y ya empezaba a vislumbrarse gente tirada en el suelo. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pude atisbar a Churro charlando animadamente con Tres y lo atribuí a un extraño romance entre ellos, escondí la botella de Coca cola para que mi socio no la encontrara (en el fondo, la había pagado yo, pero no iba a decírselo. Esto era una guerra) y me vi conversando con la gótica y con las amigas de Freire. Araneda había desaparecido en silencio junto a su nueva amiga al interior de una carpa que no era la nuestra y todo giraba cada vez más rápido. El Nacho iba de allá para acá tratando de mantener el orden en su campamento, pero su cara se tornaba cada vez más extraña. De pronto sentí un líquido agridulce saliendo por mi boca hacia el exterior mientras se me apretaba el estómago, me puse de pie de un vertiginoso salto comentando que me sentía de maravilla y entonces no vi nada más… &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/363003680725489862-877729899814932?l=tenemoshistoria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/877729899814932/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=363003680725489862&amp;postID=877729899814932' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/877729899814932'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/877729899814932'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/2007/05/03-jueves-1-de-febrero.html' title='03: Jueves 1 de Febrero, Km. 88'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoASL1d82SI/AAAAAAAAABo/K9L3lLHSei8/s72-c/1.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862.post-4482620544904542622</id><published>2007-05-13T21:29:00.001-07:00</published><updated>2007-06-26T16:07:37.675-07:00</updated><title type='text'>02: Miércoles 31 de Enero, Km. 37</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Un hermoso sol nos esperó pacientemente hasta que despertamos a las ocho y veinte de la mañana, bañados en el rocío matinal que caía en forma de gotas sobre nuestras bellas caras. Las suciedades de la comida habían sido guardadas en una bolsa de basura para evitar ratones y seres de todo tipo, pero los enseres se encontraban aún muy cochinos, por lo que tendríamos que ir a lavar antes de ingresar al Parque.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La tarde anterior habíamos divisado una &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGcHolrhRI/AAAAAAAAADA/ZIfJL0iUA2Q/s1600-h/c.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080513509619107090" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGcHolrhRI/AAAAAAAAADA/ZIfJL0iUA2Q/s320/c.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;atractiva propiedad privada a orillas del lago Tinquilco &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAP7Fd82PI/AAAAAAAAABQ/4C8JeQtORXg/s1600-h/1.bmp"&gt;&lt;/a&gt;equipada con quincho, sitio para asados y ¡una manguera! Como al bajar del cerro nos dimos cuenta que aún no llegaban los dueños (miedo que teníamos y que nos impidió alojar ahí la noche anterior) entramos educadamente y nos servimos de esa agua latifundista para lavar nuestras cosas con el siempre bien ponderado Quix y sus correspondientes esponjas. Al bajar a la orilla del lago (siempre dentro de ese hermoso patio) y tras haber dejado todo listo para partir, nos quedamos embelesados mirando el hermoso y tranquilo lago desde el muelle que esa familia tenía. Realmente hay gente con mucha suerte en Chile.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como a las once de la mañana ingresábamos al fin a la oficina de don Gomercindo para registrarnos y pagar (por supuesto conseguimos una rebaja, aduciendo que Churro era mi hijo). Una vez que se nos explicaron los recorridos y las reglas decidimos tomar el segundo destino que consistía en una caminata de alrededor de seis horas hasta el lago Huerquehue, una de las muchas bellezas existentes en ese lugar. Dejamos las mochilas a resguardo en la parte trasera de la oficina, nos aprovisionamos para el ascenso con Jessica, una lugareña de nuestra edad que, aburrida de esa zona, se estaba cambiando a un nuevo trabajo más cerca de Caburgua, y dejamos registro gráfico del “señor castor”. Aquí lo tienen: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080078239615736066" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAQPld82QI/AAAAAAAAABY/A-wMTm1Aid0/s400/2.bmp" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y empezó la tan ansiada aventura. Rápidamente en un principio, por parajes más bien secos y rurales, nos fuimos internando poco a poco en los húmedos bosques de la zona, mientras el sendero nos guiaba inevitablemente a un enorme y verdoso cerro, que con su imponencia nos prometía agotadoras horas de subida. Poco a poco nos fuimos topando (y pasando) a muchos turistas, en su mayoría alemanes, hasta alcanzar la primera caseta de vigilancia, que nos indicaba que el índice de riesgo de incendios forestales era bajo. Continuamos ascendiendo cada vez más lento, debido a las escarpadas inclinaciones del cerro, hasta llegar a las primeras cascadas, donde fuimos encontrándonos con muchos extranjeros y chilenos, que buscaban paliar el inclemente sol con un baño natural. Un par de niñitas alemanas chapoteaban en el agua criolla purificando con su presencia la raza de los peces que allí nadaban, mientras los chilenos miraban embelesados el paisaje y, para variar, se quejaban de algo. En cierta ocasión, los forestines dieron alerta en voz alta acerca de que uno de los suyos se encontraba maniobrando en la punta de una colina, por lo que de inmediato aparecieron decenas de aparatos de larga distancia profesionales de la mano de extranjeros bastante parecidos a Ásterix y Óbelix. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Vimos muchos lugares hermosos en esa travesía, incluyendo el lago Chico, el lago Verde, el lago Toro, una gigantesca reserva de araucarias que evocaban el hermoso bosque de Lothlórien (más Señor de los Anillos) y el tan ansiado lago Huerquehue, del que sólo vimos un brazo. Almorzamos con una hermosa vista y rodeados de guatas rosaditas, con rollitos provenientes del viejo continente, nos bañamos en aguas vírgenes que tenían nuestros nombres, nos sentamos a observar repetidas veces el paisaje y nos dejamos envolver por la naturaleza virgen, saliéndonos del camino y casi perdiéndonos por esta razón, hasta que la tarde cayó sobre nosotros. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080078737831942418" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAQsld82RI/AAAAAAAAABg/BVgqBoxC9Fo/s400/3.bmp" border="0" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Cuando el reloj señalaba veinte para las seis de la tarde iniciamos nuestro viaje de regreso por un camino alternativo y empezamos a correr para alcanzar el bus de las seis que salía para Pucón. Si lográbamos la hazaña de desandar lo andado en ese corto tiempo, no tendríamos que volver a dormir diagonalmente en el cerro y hasta podríamos conseguirnos alojamiento en la famosa costa del carrete. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Empezamos a poner a prueba nuestro físico bajando del Parque tan rápido como nuestros pies lo permitían y pronto el sudor nos bañaba por completo. Los alemanes nos veían pasar a su lado y no podían evitar una tierna sonrisa por estos jóvenes animosos que corrían tratando de alcanzar el transporte en su país subdesarrollado. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y así llegamos a las seis y cinco minutos a la entrada donde nos dimos cuenta, horrorizados, de que el bus no saldría sino hasta las seis y media. Todo el esfuerzo había sido ridículo y ahora los europeos llegaban caminando lenta y calmadamente hasta la entrada para volver también a Pucón. Mientras esperábamos, Gomercindo nos contó al tiempo que nos devolvía las mochilas, que llevaba diecisiete años trabajando y viviendo en ese sector y que no lo cambiaría por nada del mundo. Era impresionante lo transparente que era esa amplia sonrisa que le dedicaba a cada uno de los que pasaban por su puesto y la paciencia con la que describía los recorridos una y otra vez.&lt;br /&gt;Así, despidiéndonos y con un bus que nos recibió con todos los asientos llenos de cabelleras rubias y otros lenguajes, nos fuimos parados en compañía de Jessica, hasta Pucón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez allá nos sentamos fuera de la estación y se nos acercó un tipo que hablaba como argentino llamado Nacho. Estaba ofreciendo sitios para alojar dentro de Pucón por una suma de dos luquitas cada uno, la noche. Lo despachamos en esa ocasión, pero archivé el dato en mi memoria, por si acaso. De inmediato nos pusimos en contacto con las chiquillas del Juanita de los Andes (ustedes saben, contactos) que se encontraban por ahí y les pedimos alojamiento, a lo que respondieron que sí y con muy buena voluntad. Entonces tomamos nuestros bultos y emprendimos la nueva aventura de recorrer Pucón, observando los contrastes con el Huerquehue. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al poco andar encontramos la casa y se nos invitó a armar la carpa en el patio y a comer con la familia de Florencia Rencoret. Tras ducharnos y alimentarnos como todas unas top model (ensalada con ni una pizca de carne) conocimos al Harem que conformaba esa casa: el padre era el único hombre en ese hogar de cinco féminas. Bendito él entre todas las mujeres…&lt;br /&gt;Y se hizo de noche, la que no traería ni carretes ni emociones de ninguna índole. El cansancio nos abatía y el sueño nos llamaba, así que nos metimos a los sacos, recordamos la imagen del pájaro carpintero que nos había cautivado en nuestra eterna caminata por el Parque Nacional Huerquehue, en medio de las araucarias más grandes que habíamos visto jamás, y nos quedamos dormidos.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;A media noche un viento infernal que movía la carpa de lado a lado como vela de barco en plena tormenta nos despertó, pero no había amenaza alguna de lluvia: el cielo estaba despejado. Así era el clima de la zona. Buenas noches de nuevo. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/363003680725489862-4482620544904542622?l=tenemoshistoria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/4482620544904542622/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=363003680725489862&amp;postID=4482620544904542622' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/4482620544904542622'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/4482620544904542622'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/2007/05/02-mircoles-31-de-enero_13.html' title='02: Miércoles 31 de Enero, Km. 37'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoGcHolrhRI/AAAAAAAAADA/ZIfJL0iUA2Q/s72-c/c.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862.post-4325438711533063059</id><published>2007-05-13T21:28:00.000-07:00</published><updated>2007-06-25T12:03:11.473-07:00</updated><title type='text'>01: Martes 30 de Enero, Km. 0</title><content type='html'>Estaba ansioso. Mi mente inquieta y visiblemente afectada por tanto Señor de los Anillos dirigía mis ojos que cambiaban destino una y otra vez entre el mapa de la Turistel Camping ’98 y los sobrecogedores árboles que se sucedían con rapidez por la ventana, evocándome diversos parajes de la Tierra Media. La gente dormía a mi alrededor y mi asiento de al lado iba vacío, mientras un calor infernal que se había sentido pocas veces en la zona de Temuco, nos achicharraba tanto a los pasajeros como al conductor de ese más que decente bus que me conducía a Pucón.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cualquiera pensaría que ese joven rubio, alto, aparentemente pudiente, iba a despilfarrar las monedas de sus padres en un desenfrenado verano dos mil siete al sol, con gente de bien, yendo noche a noche a discotecas para terminar aferrado a un poste, regalándole hasta su alma al suelo, donde quedaría desparramada junto a la comida ingerida, hasta el día siguiente. Pero no. Mi panorama estaba lejos de ser aquel y si bien tenía pensado gastar el dinero que junté con mi sudor repartiendo volantes del preuniversitario Pedro de Valdivia por las calles de la capital, en fines parecidos, antes habrían de pasar diez días en los que junto al Churro y Araneda nos habíamos propuesto vivir de aquella particular forma, sufrida pero no por eso menos valorada, que muchos llaman mochileo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mientras mis ojos se posaban en cada camping que me señalaba el mapa y estudiaba con determinación el camino hacia el Parque Nacional Huerquehue: nuestro primer destino, me iba acercando cada vez más a la plaza donde Churro me esperaba desde muy temprano. Mi compañero de viaje estaba ansioso, al igual que yo, de emprender esta aventura. Y si bien no tenía muchos conocimientos en lo que a vida al aire libre se refiere (ya que su existencia era todo lo contrario) había puesto muchos ánimos en la preparación del viaje. Churro, cuya verdadera y ya casi desconocida identidad era Felipe Navarro, era un personaje huraño, que vivía en una especie de madriguera oscura que él llamaba pieza. Ahí pasaba horas enteras contemplándose al espejo para descubrir con cada día una nueva e histriónica forma de hacernos reír, momentos en los cuales generalmente se terminaba hablando de su obsesión por entrar a derecho en la Chile, la única universidad, según su “pluralista” visión. El resto del tiempo se la pasaba en el computador (su segunda pasión después de aquella carrera a la que había entrado unas pocas semanas antes) o jugando Play Station. Yo poseía bastante más experiencia en caminatas y vida en carpa debido a mis años como scout de mi colegio, pero para ambos esta era la primera vez que mochileábamos a puro dedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin darme cuenta de que la gente iba despertando, el bus se detuvo y pensé, al tiempo que me bajaba, en la experiencia que lamentablemente Araneda se iba a perder. Él estaba en misiones aún y no nos alcanzaría hasta dos días después, cuando ya hacía rato que habríamos dado por terminado el paseo al Parque Nacional.&lt;br /&gt;Una vez en la plaza, y luego de haberme aprovisionado de mapas en la oficina del Sernatur, busqué a mi primer compañero de viaje y lo vi sentado en un reborde donde centímetros más atrás crecían unas plantas. Era inconfundible con su coral, apodo cuidadosamente seleccionado por los amigos para su pelo, y sus anteojos tipo Morfeus de la película Matrix. Serían aproximadamente la una y media cuando nos saludamos y ahí, enfrente del casino municipal, empezamos a comer nuestra propia comida traída de Santiago para alivianar el peso. Verdaderamente había sido un error tratar de ahorrar comprando todas las viandas altiro. Más encima llevábamos el alimento y la carpa de Araneda a quien ya empezábamos a odiar, por obligarnos a llevar sus cosas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAJeld82LI/AAAAAAAAAAw/F_wIcl6hqYc/s1600-h/1.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080070800732379314" style="CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAJeld82LI/AAAAAAAAAAw/F_wIcl6hqYc/s400/1.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Inmediatamente después de comer le pregunté a Churro si partíamos de una vez y éste asintió. Fuimos a conseguirnos una botella, la que llenamos para tener agua durante el viaje y nos pusimos a caminar hacia la salida de Pucón, camino a Caburgua, dirección en la que tras veintitrés kilómetros encontraríamos la bifurcación al esperado y reiteradamente recomendado Parque Nacional.&lt;br /&gt;Como buenos amateurs empezamos a caminar en línea recta haciendo dedo en mitad del camino pavimentado. Camino que por lo demás era frecuentado en su amplia mayoría por autos de veraneantes que, o venían llenos, o eran de Santiago, razón por la cual un aventón era casi utópico. Lo más gracioso del cuadro era vernos a nosotros dos charlando animadamente sobre regiones e historia de Chile mientras el sol calcinaba nuestros hombros con sus más de treinta grados, cuando no veíamos nada más que un recto camino que se perdía en lontananza.&lt;br /&gt;Entonces, tras varias horas en las que paulatinamente las mochilas se iban volviendo más y más pesadas, y el agua empezaba a incomodar enormemente a Churro, le hicimos dedo a un auto bastante humilde que nos paró unos metros más adelante, pese a venir, probablemente, a ciento veinte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los dos tipos que nos llevaron se miraron al vernos entrar, aliviados de que efectivamente no éramos unos lanzas. Nos preguntaron burlonamente cómo cresta se nos había ocurrido ponernos a caminar y hacer dedo cuando eran las cuatro y media de la tarde a lo que sólo pudimos responder entre balbuceos de vergüenza. Tanto quien estaba al volante como su copiloto eran de la zona y se encontraban trabajando. Nos preguntaron para dónde íbamos y entonces reparé en que teníamos intención de pasar por los Ojos del Caburgua, cascadas bastante lindas y conocidas en la zona, pero ni siquiera había mirado el mapa. &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoALBFd82MI/AAAAAAAAAA4/wcbuCzwjjbg/s1600-h/2.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080072492949493954" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoALBFd82MI/AAAAAAAAAA4/wcbuCzwjjbg/s400/2.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Tras hurgar en el bolsillo superior de mi mochila, del que cayeron el mapa impreso de Internet de la Turistel actual y la guía del Servicio Nacional de la Juventud que nos aseguraba alojamientos más baratos, encontré el obsoleto librito que iba mirando en el bus y junto a Churro nos dimos cuenta que las cascadas estaban muy cerca. Tan sólo unos minutos después nos despedíamos del par de buena ondas y cruzábamos el camino pavimentado hacia el letrero que señalaba “Ojos del Caburgua 200 mts.”&lt;br /&gt;Churro, que ya conocía bastante bien la zona, me contó acerca de la laguna azul que se encontraba al lado de las cascadas y me recomendó llevar cámara. En verdad nos veíamos bastante llamativos, pues yo llevaba shorts, banano y mochila, todas color verde militar y Felipe la polera de curso donde sobresale el azul, jockey azul y mochila también azul.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entonces llegamos a un quiosco donde una joven de nuestra edad, más o menos, nos cobró los doscientos pesos respectivos y se ofreció a cuidar nuestras mochilas. A regañadientes y desconfiados las dejamos ahí, aunque el lugar parecía bastante seguro. No habíamos caminado mucho cuando llegamos a unos estacionamientos llenos de gringos, a cuya zaga se encontraban los famosos Ojos del Caburgua. Recorrimos sus bordes y nos sacamos fotos con la cámara automática de mi primera comunión, cuales extranjeros embelesados por el lugar que visitan. Después nos dirigimos a la preciosa laguna azul, donde decidimos que ya era tiempo de partir. El Huerquehue nos esperaba y mi experiencia con los scouts me decía que no era recomendable hacer dedo de noche.&lt;br /&gt;Nos pusimos en marcha nuevamente, caminando sin cesar, a pesar de que pasaban buses rurales cada veinte minutos, los que nos negamos a tomar a no ser que estuviéramos extenuados. Después de unos minutos de marcha en los que hacíamos dedo ilusamente, nos detuvimos a comer unas galletas y vimos pasar a un grupo de mochileros en sentido contrario. Luego reanudamos el paso y avanzamos jadeantes, a medida que el sol empezaba a descender y el camino pavimentado se iba poniendo menos caliente, pero más escarpado, bordeado por un sinnúmero de campings que ya hacían su aparición. Eran los campamentos de las afueras de Caburgua en los que pensábamos alojar, pero algo nos impulsó a seguir adelante. ¿Qué era ese algo? Simple. Todavía quedaba luz.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De pronto, unos sonidos constantes, como de golpeteos en el cielo, nos hicieron mirar hacia atrás. Algo se acercaba raudamente, pues los bajos de un ritmo ininteligible se iban haciendo cada vez más audibles. Tras unos instantes quedó claro que lo que estábamos oyendo no era otra cosa que un rock de primera a grandes decibeles, razón por la cual pensamos que se trataba de un enorme automóvil lleno de gente joven que se dirigía a la playa. Cual no sería nuestra sorpresa cuando apareció el dichoso vehículo y se materializó ante nosotros la motocicleta más grande y con más estilo que habíamos visto jamás. El tipo que iba encima iba todo vestido de cuero, oía su música con la que ahuyentaba a los pájaros a su alrededor y se sentía el rey de la carretera. Cuando pasó ante nosotros, nos sacamos los sombreros solemnemente para homenajear a quien durante efímeros instantes nos paralizó de admiración. Tras ese momento mágico continuamos la caminata. “El Señor de los Caminos” se nos había cruzado.&lt;br /&gt;Así, tras cruzarnos con un tipo igual al entrenador de atletismo de nuestro ex colegio, Cristián Johannet, llegamos finalmente y visiblemente extenuados, a la bifurcación ubicada dos kilómetros antes de Caburgua, donde doblamos a la derecha para divisar, mientras el destino se burlaba de nosotros, lo que nos esperaba: nada menos que una escarpada, polvorienta y horrorosa subida.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nos detuvimos unos instantes para recobrar el aliento y entonces lo vimos: había movido sus patas al compás de lo indómito de esa zona y se había detenido en mitad del camino como un presagio. Su nariz apuntaba a nosotros y sus penetrantes ojos nos examinaban con un atento silencio. La cola, entre café rojizo y blanco, era lo único que se movía en ese cuadrúpedo cuerpo que nos invitaba a subir. La visión duró sólo unos instantes y pronto el zorro se lanzó a unos matorrales para desaparecer de nuestra vista. Había sido impresionante. Era la Pachamama misma que nos invitaba a seguir adelante, prometiéndonos muchos más ejemplares exóticos conservados en esa naturaleza casi virgen, si lográbamos llegar. El animal nos había desafiado y nosotros responderíamos a su reto.&lt;br /&gt;Nos ajustamos las mochilas nuevamente e iniciamos el que prometía ser un terrible ascenso. La Turistel nos indicaba que sólo eran catorce kilómetros hasta arriba. Seguramente alojaríamos en el camino o un camping para entrar, triunfantes, al Parque al día siguiente. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero entonces, como recompensando nuestra fuerza de voluntad y entereza para aceptar el desafío, un pequeño auto pasó a nuestro lado y se detuvo. Lo que experimentamos fue una visión angelical: narices respingadas, labios carnosos, anteojos oscuros y escotes sueltos. Caracterizaciones divinas para las dríades que habían salido de los bosques para venir a salvarnos. Una de las tres jóvenes nos preguntó a donde íbamos y como atontados, balbuceamos Err… que… ue… Nos invitaron a subir al auto, pese a que eran tres y nosotros íbamos con mochila. ¡Qué gloriosa sensación! ¡Y nosotros que creíamos que eso pasaba sólo en las películas hollywoodenses!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una vez en el vehículo, el ángel que iba al lado mío nos contó que las tres amigas eran de Concepción, iban en cuarto año en la universidad del mismo nombre y estaban alojando en Pucón, desde donde tenían que ir a hacer un encargo. Utilizando mis dotes de comunicador social (pues recién había entrado a periodismo en la Universidad Católica) me enteré que mi interlocutora, que se hacía llamar Pepa Riquelme, conocía muy bien a la familia de Vicente Silva, ex compañero de nuestra generación. ¡Qué chico es el mundo! Pero lo que más me llamaba la atención de ella eran esos dientes perfectamente blancos y los ojos que se veían tenuemente del otro lado de sus gafas oscuras. En estas meditaciones acerca de la belleza humana me encontraba cuando el auto se detuvo y la conductora nos invitó a bajarnos. Mi impotencia fue aún mayor cuando vimos el auto partir y Churro me preguntó por qué no les había pedido alojamiento. Compungido le respondí que aquella era justo la pregunta que iba a hacerle cuando nos detuvimos. Mala suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino se extendía ante nosotros (aún restaban siete kilómetros) y de pronto llegamos a un quincho donde una amable señora nos informó del lugar y nos dio las indicaciones correspondientes para llegar a nuestro destino.&lt;br /&gt;Por los relatos de mis andanzas en campamentos scout, Churro había empezado a interesarse en un término que yo usaba frecuentemente: el zambo. Justo al momento en que mi compañero de viaje me preguntaba con su pulgar en alto qué era exactamente un zambo, uno de ellos apareció en su camioneta y se dispuso a llevarnos lo que restaba del trayecto. El zambo, le expliqué, era un ser característico de la zona sur y se refería al lugareño de tez oscura, pero buenas intenciones, que no sabe muy bien dónde está parado y no es capaz de dar referencias muy exactas de las distancias. Estábamos en ese momento, a merced de una familia que podíamos definir con este peyorativo término.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El zambo se detuvo dos kilómetros antes del &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoALSFd82NI/AAAAAAAAABA/caj2UzW8mCE/s1600-h/3.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080072785007270098" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoALSFd82NI/AAAAAAAAABA/caj2UzW8mCE/s400/3.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Parque Nacional, desde donde ya se divisaba el lago Tinquilco y, sacándose la chupaya, se despidió amablemente.&lt;br /&gt;No bien estábamos tomándonos unas fotos con el cartel que simbolizaba la proximidad de nuestro primer destino, una segunda camioneta paró inmediatamente y su conductor nos hizo una oferta. Quien manejaba era dueño de uno de los campings al interior de la reserva y nos ofrecía hacernos entrar gratis al Huerquehue, siempre y cuando nos alojáramos en su negocio, pagando una módica suma de seis mil pesos. Para nosotros los viajeros (o mi fervoroso espíritu de judío) eso era demasiado dinero así que le pedimos que nos dejara sólo en la entrada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAIKld82KI/AAAAAAAAAAo/YxVHfdi8TmM/s1600-h/4.bmp"&gt;&lt;/a&gt;Nos bajamos en el final del polvoriento camino donde estaba el cartel de CONAF y el nombre del lugar. A nuestra izquierda el lago Tinquilco se mostraba con toda la belleza que un ocaso en la umbría del cerro nos podía otorgar. Ya era tarde y don Gomercindo, el forestín a quien bautizamos cariñosamente con el nombre de Señor Castor (dado su enorme parecido al famoso animal), nos dijo que no se podía colocar carpas al interior del recinto y nos habló de los campings y precios en general. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoALz1d82OI/AAAAAAAAABI/8_mGdekAI7I/s1600-h/4.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5080073364827855074" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoALz1d82OI/AAAAAAAAABI/8_mGdekAI7I/s400/4.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Decidimos no entrar ese día ya que era muy tarde y mejor buscar alojamiento afuera para ingresar y recorrer temprano al día siguiente. Después de media hora de búsqueda, análisis de precios y preguntas varias, cruzamos un alambre de púas y nos internamos cerro arriba, pese a los ladridos de un perro que llegó incluso a nuestro sitio, pero se retiró sin molestarnos. Armamos la carpa en un terreno lo más plano que encontramos, pero fue inevitable caernos durante la noche hacia un extremo de la tienda. Churro recibió unas improvisadas clases de campismo y luego sacó su lámpara y su cocinilla, con la que empezamos a preparar la comida (arroz chaufán con jurel San José) en mis ollas compactables.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tras un romántico momento mirando las estrellas sobre un tronco donde nos percatamos de lo realmente a la mierda y desamparados que estábamos, nos fuimos a acostar, esperando con ansias el día siguiente. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/363003680725489862-4325438711533063059?l=tenemoshistoria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/4325438711533063059/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=363003680725489862&amp;postID=4325438711533063059' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/4325438711533063059'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/4325438711533063059'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/2007/05/01-martes-30-de-enero_13.html' title='01: Martes 30 de Enero, Km. 0'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_KOiIdb0WhKw/RoAJeld82LI/AAAAAAAAAAw/F_wIcl6hqYc/s72-c/1.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-363003680725489862.post-2740139132506540672</id><published>2007-05-06T17:13:00.000-07:00</published><updated>2007-05-13T21:36:22.346-07:00</updated><title type='text'>00: Prólogo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Nuestro país en un territorio enorme. No por nada sus setecientos cincuenta y seis mil noventa y seis coma tres kilómetros cuadrados ven pasar sobre sí diariamente a más de quince millones de chilenos de todas las clases sociales, étnicas, etáreas y sexuales. No por nada sus cuatro mil doscientos treinta kilómetros de norte a sur y sus cuatrocientos sesenta y ocho de ancho máximo, dan cabida todos los días a miles de millones de experiencias, sentimientos, situaciones, enseñanzas, conversaciones, aventuras, trivialidades y logros que se viven sin saber unos de otros, en la más completa independencia que esta larga y angosta faja de tierra nos ofrece, con su tan sólo treinta por ciento de tierras aptas para vivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un país de estas características ¿cómo es posible que alguien reúna todas las vivencias, conozca todos los lugares o descubra todos los secretos que esta zona del mundo ubicada entre los diecisiete grados, treinta minutos latitud sur, y cincuenta y seis grados, treinta y dos minutos de la misma, pueda ofrecerle? O más difícil aún: ¿cómo hacer que cada una de esas experiencias tenga el grado de importancia que se merece, aunque se haya desarrollado en alguno de esos muchos lugares que ni siquiera aparecen en los mapas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarea es difícil. Las historias son muchas y no siempre llegan a oídos oficiales, pero no por eso pierden su valor. Para las personas que lo vivieron esa es su historia y no porque no sea tan trascendente se convierte en algo que no deja huellas en quienes estuvieron allí. Algo sucedió y tal vez nadie lo sepa… pero algo sucedió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros tenemos una historia. No somos personajes dignos de admiración, no hemos sido pioneros en nada que hasta ahora el mundo pueda considerar útil, pero tenemos una historia. Una de esas tantas que andan perdidas en los blogs sin nadie que las lea o plasmadas en libros de escasos resultados en marketing que terminan abandonados en los estantes de las librerías de segunda. Una de esas historias que resultan sorprendentes cuando la cuentas a un grupo de amigos, pero nada del otro mundo para alguien que ha vivido cosas más intensas. Nosotros tenemos esta historia y queremos compartirla con el mundo. No con todo el mundo, sino simplemente con el mundo. Con quien encuentre estas hojas y se dé el tiempo para leerlas. Aquí va.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/363003680725489862-2740139132506540672?l=tenemoshistoria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/feeds/2740139132506540672/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=363003680725489862&amp;postID=2740139132506540672' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/2740139132506540672'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/363003680725489862/posts/default/2740139132506540672'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tenemoshistoria.blogspot.com/2007/05/00-prlogo_06.html' title='00: Prólogo'/><author><name>Narrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry></feed>
